jueves, 28 de octubre de 2010

CONSTANTES EN LA BRECHA ( 4 )

1970- 1974. El pueblo chileno se polariza. Se crea un clima de extrema tensión política y social que llega a su punto más peligroso con el atentado que sufre el general René Schneider en 1970, comandante en Jefe del Ejército quien es asesinado por un comando derechista.

El 4 de septiembre de 1970, el candidato presidencial de la Unidad Popular, Salvador Allende, obtiene el primer lugar, pero no logra la mayoría absoluta. Esto provoca un clima de incertidumbre que logra ser superado con la ratificación como nuevo presidente de la República por el Congreso Nacional, pese a la oposición de la derecha y el asesinato del comandante en Jefe del Ejército. Esta situación marca la vida del país. Se inicia así el período de la "Unidad Popular". La Conferencia episcopal chilena no rehuye enfrentar la problemática nacional y declaraba:

"Hemos cooperado y queremos cooperar con los cambios, especialmente con los que favorecen a los más pobres."

Se manifiesta la preocupación que existe ante la situación que puede afectar a las congregaciones religiosas y a los mismos colegios. Los superiores mayores se reúnen en CONFERRE (Conferencia de religiosos) y en FIDE (Federación de Institutos de Enseñanza) para encontrar una línea común de futuro.

En la comunidad viatoriana existe inquietud. El futuro de la misión se ve confuso. Algunos Hermanos tienen muy presente aún en su memoria la revolución española. Existen conversaciones en vistas a prever con tiempo, si las circunstancias son adversas, otra república hispanoamericana donde insertarse. Temen ser expulsados del país o que se les haga muy difícil permanecer en él. Sin embargo, la determinación por permanecer en el país es total. El Superior general escribía conociendo las dificultades en las que se encontraban los Hermanos y les animaba en sus decisiones y nuevas búsquedas:

"Esto no significa que tengan que retirarse del país, quizá haya que repensar su inserción en la vida apostólica en Chile. Por eso apoyamos el proyecto de visita del Superior provincial y del Administrador provincial. Los estudios y conversaciones sobre el terreno ayudarán mucho a identificar los problemas y a imaginar las soluciones posibles".

Con motivo del retiro del mes de septiembre el P. Nazario envía una carta de animación a los religiosos donde refleja este ambiente de expectación:

"Nos cueste o no nos cueste se impone hoy al religioso y a las comunidades de Chile en las presentes circunstancias mucha reflexión, mucha oración y mucha auténtica acción si de verdad queremos cumplir una misión eclesial. Pienso que nuestra actual posición de árbitros o directores de obras apostólicas va a desaparecer quedando nuestra acción en la penumbra probablemente más dispersos y sometidos a voluntades ajenas que exigirán al religioso mucha paciencia y humildad además de grande sentido de responsabilidad. Pienso que nos tenemos que ir haciendo la idea de que seremos más solicitados por el mundo y que, por tanto, habremos de estar más vigilantes. Pienso que incluso en lo material puede llegar el día en que tengamos que sufrir necesidad y hayamos de ingeniarnos para encontrar lo necesario para vivir. Pienso que el testimonio de consagrados que "aparece como símbolo que puede atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecer sus deberes de cristianos" (LG.44), deberá ser más auténtico e inconfundible y capaz de arrastrar hacia Cristo. Pero pienso que, por otra parte, las dificultades y la lucha misma nos llevarán a mirar al Cielo con más fervor y menos rutina, a definirnos con más claridad ante el mundo y que se producirá una renovación, la anhelada renovación de nuestra vida religiosa y apostólica como en Polonia, etc.,etc."

Dentro de estas circunstancias los Hermanos Ángel Sánchez y Carlos Orduna de 24 y 22 años, respectivamente llegan a fortalecer la misión. Vienen acompañados por el joven profesor laico que trabajaba en Mondragón, España, Juan Carlos Martínez, de 21 años, que desea dedicarse por algún tiempo al apostolado educacional colaborando en la misión chilena.

A fines del año 1970, el P. Nazario Superior de la delegación invita a todos los religiosos a realizar un gran encuentro como parte de una revitalización interna y también para enfrentar los difíciles tiempos que vivía la sociedad y la Iglesia chilena. Animaba a una honesta revisión personal y comunitaria. Teme que llegando momentos más difíciles no sean capaces de hacer frente con dignidad. No les oculta su pensamiento y no desea ser responsable de no poner de su parte todos los medios a su alcance. Les invita a prepararse para un posible futuro apostolado fuera de la escuela asistiendo a cursos de catequesis de adultos, catequesis en los centros de Enseñanza Media, etc.

Después del retiro anual de ese mismo año y a comienzos del año escolar de 1971 la comunidad viatoriana se reúne en dos oportunidades para realizar la evaluación solicitada por el Superior delegado. El balance y las conclusiones son positivas. El tema de la pobreza es recurrente. El tipo de pobreza vivido por la comunidad se ajusta al tipo de trabajo apostólico (Educación y enseñanza), teniendo en cuenta el medio donde están insertos. Estiman que las manifestaciones personales y comunitarias de la pobreza "efectiva" son buenas; se insiste en mayor relación con ambientes pobres, comenzando por conocer mejor las familias de los alumnos en su vida concreta; no escatimar el trabajo diario sin excluir el trabajo manual, imponerse privaciones y dar su valor a los pobres; mayor integración con los profesores; estudiar formas de coparticipación de los bienes e intereses: limosnas, ayuda a los alumnos, profesores etc.

La mayoría de los religiosos se inclinan por no abandonar la enseñanza primaria, no ampliar las Humanidades y dedicarse con preferencia a la enseñanza técnica. Se da como motivación que la enseñanza técnica recibe, de ordinario, alumnos más necesitados.

Siguiendo en esta línea de actuación el P. Nazario exhorta a los religiosos, con espíritu realista, a seguir con la enseñanza como actividad básica con una dedicación mayor que la actual al apostolado colegial y extracolegial e invita a experimentar en este último campo, que exigirá mayor flexibilidad en los reglamentos comunitarios. Recuerda que las actividades apostólicas que deben ocupar un lugar preferente son las que piden las decisiones capitulares en la parroquia y con la parroquia dentro de la pastoral de conjunto.

Ocuparon largo espacio las conversaciones sobre las organizaciones apostólicas que deberían atraer las preferencias viatorianas: catequesis, escultismo y Palestra (Movimiento de la época que atrajo a muchos jóvenes); consideran que la formación de acólitos podría ser medio muy eficaz para suscitar y alimentar vocaciones.

El deporte no estaba ausente de la mirada de los misioneros en la escuela. Se insistía en que había que sentar el principio general de que esa actividad estuviese supeditada o no perjudicara al apostolado propiamente dicho ni a la vida litúrgica, colegial o parroquial:

“En esto estábamos todos implicados. En un principio sólo hubo un campeonato de semilleros, compuesto de equipos de la ciudad. Participaban jóvenes de séptimos y octavos años básicos. Lo comenzó el Hermano Daniel y lo siguió el Hermano Marino. Esta competencia se realizaba los domingos después de la Misa de las 10.00 a.m, a la que tenían que asistir los participantes. Este campeonato se interrumpió el año 70.”

“Luego se continuó con el campeonato de juveniles iniciado por el P. Juan Van Roy, franciscano, que escogió los colores de su pueblo en Bélgica. Aquí le acompañábamos todos los religiosos ya que eran los sábados por la tarde.”

“Como enseguida empezaron a destacar, se nos obligó a tener sección adulta, si queríamos tener la juvenil. Para poder tener el número suficiente de adultos fuimos inscritos todos los religiosos. También se inscribió la directiva del Centro de Padres.”

“Para poder jugar, algunas veces, tuvimos que hacerlo los religiosos hasta que llegaban los titulares. Varias veces jugamos tres, y alguna vez cuatro: Antolín, Marino, Ángel Serna y yo. Ángel fue propuesto para ser fichado como jugador del Deporte Ovalle. El compromiso era solo tener que ir a jugar los partidos oficiales, no era necesario que fuera a los entrenamientos. (La comunidad no se lo permitió). Yo tuve que inscribirme como árbitro. Esto no menoscababa nuestra vida religiosa.”

“Se comenzó también el campeonato de Baby-fútbol, que ahora se llama Monumental. Fue llevado a Ovalle con las bases del campeonato del colegio de Viña. Sirvió para que a lo largo del año se comprometieran los Padres y Apoderados. Los dos primeros años se vendía café y bebidas con algunos queques que hacían las esposas de los integrantes del Centro de Padres. Aquí, también estábamos implicados todos los religiosos (incluido Ramón llevando el control de las entradas y el quiosco).”

Sin embargo los fines de semana, atrajeron la atención de los religiosos para afianzar la vida comunitaria, el apostolado y el servicio a la parroquia.

Un hecho que marcó internamente en estos difíciles momentos a la comunidad viatoriana chilena fue la situación del P. Honorato Zudaire, quien había solicitado abandonar la Congregación y se le había concedido un tiempo de experiencia fuera de la comunidad religiosa. Residía en España y fue invitado por unos sacerdotes, compañeros suyos de estudios universitarios que trabajaban en Chile. Viajó y se incardinó en la diócesis de Santiago para trabajar entre los campesinos de la zona de Melipilla.

Dos de sus compañeros vivían en Puente Alto. Uno era párroco y el otro, Vicario Cooperador. Eran sacerdotes muy comprometidos en su vivir y en su labor ministerial. Llevaban un estilo de vida muy austero y pobre dependiendo totalmente de lo que la gente de su parroquia les daba para comer y vestir. Vivían en una mediagua. Se ganaron el cariño de la gente y especialmente de los jóvenes con quienes realizaban muchas actividades culturales y de evangelización. Sus críticas a la Iglesia y el llamado a la conversión eran constantes. Una vez a la semana iban a almorzar con los Hermanos de la Comunidad de "Las Nieves" donde podían compartir y al mismo tiempo se les ofrecía la oportunidad de descansar. Existía una cercanía muy profunda con ellos. Al llegar a Chile el P. Honorato fue recibido por estos sacerdotes y comenzó a practicar el mismo estilo de vida vendiendo y entregando a los pobres todo lo que traía de España. Algunos miembros de la comunidad fueron invitados a ser partícipes de esta vida. Algunos Hermanos comenzaron a extrañarse de ciertas ideas y actitudes que manifestaban. En sus prédicas comenzaron a comunicar ideas ajenas a la sana teología y a criticar duramente a la jerarquía de la Iglesia. Comenzaron a distanciarse de la comunidad religiosa viatoriana al verse cuestionados por los Hermanos al apartarse bruscamente de la Iglesia.

Esta situación pronto comenzó a aparecer en los periódicos del país poniéndose del lado de estos sacerdotes sin sospechar en qué iba a terminar todo. Al crearse un clima muy polémico entre los católicos de Puente Alto intervino la jerarquía eclesiástica. Como era el estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez fue a dialogar públicamente con estos sacerdotes y aclarar los malos entendidos. Ellos no aparecieron.

Pronto se hizo una investigación y se descubrió que estaban totalmente influenciados por una mujer con ciertas habilidades espiritistas y de una inteligencia que maravillaba a estos sacerdotes. A tal punto llegó su influencia negativa que los arrastró a creer, entre otras cosas, en seres extraterrestres, en que ellos eran la reencarnación de ciertos apóstoles y que esperaran al Mesías en la criatura que ella iba a dar a luz.

El P. Honorato por disposición del Arzobispado dejó la Parroquia de Curacaví a la que estaba adscrito y recibió la orden de integrarse a la Congregación, la cual no aceptó y se apartó definitivamente de ella. La decisión del arzobispado se tomó ante los desvíos doctrinales y por su relación con los sacerdotes españoles de Puente Alto. Se hicieron intentos de que volviera a España, pero no aceptó. Los sacerdotes fundaron su propia iglesia, fueron excomulgados y se decretó la expulsión del P. Honorato de la Congregación.

Estos acontecimientos afectaron en demasía al P. Nazario. Algunos religiosos han dicho que esto quebrantó gravemente su salud.

El 10 de mayo de 1971 se recibió la esperada visita del P. Luis Martín, Superior provincial y del Hermano Andrés Viguri, Ecónomo provincial. Comenzó su visita pastoral trasladándose a la comunidad de Ovalle donde pudieron conocer la realidad concreta de esa obra, compartieron con los Hermanos y se entrevistaron con varias autoridades de la región. Después se trasladaron a Viña del Mar para compartir con los hermanos de esa comunidad y conocer ampliamente su trabajo. Finalizaron su visita en Puente Alto.

Toda la comunidad viatoriana chilena fue convocada por el Superior provincial los días 13 y 14 de marzo antes de comenzar el curso escolar, a una asamblea en la casa de la comunidad puentealtina de "Las Nieves". El encuentro fue muy gratificante, pues los religiosos estaban muy interesados de escuchar a su Pastor que traía noticias de España, Colombia y Perú. Comentaron el Informe Anual sobre el estado moral, material y de estudios de la Provincia y hubo un intercambio muy rico de impresiones, sueños e informaciones que dejó a todos muy satisfechos.

Los frutos de esta visita se manifestaron sobre todo en la confirmación de la presencia viatoriana en Chile que se encontraba en una situación de incertidumbre por los cambios sociales y políticos de la nación, en la animación espiritual de los religiosos y en una serie de indicaciones prácticas que se dejaron plasmadas en el Informe de la Visita al Consejo de la delegación.

La Presencia del Superior provincial permitió que los Hermanos continuaran su misión decididamente y con serenidad compartiendo un trabajo fecundo en las obras que se dirigían especialmente entre los pobres y los jóvenes, en el ámbito escolar y parroquial.

El Capítulo Provincial de España ratificó en agosto del mismo año el trabajo que se realizaba en Chile con estas palabras:

"El Capítulo provincial ve con agrado la decisión de los hermanos de Chile de permanecer en el país, a pesar de la inestabilidad política... Las actividades de Chile son típicamente viatorianas. Se dirigen a la juventud. Se trata de una juventud pobre. Se trabaja en estrecha colaboración con la parroquia. Se aplaude también la preocupación por una mejor formación de los religiosos".

La vida comunitaria se vivía con gran alegría y entusiasmo. Los Hermanos que sentían en lo profundo el dolor de los más abandonados y la necesidad de ayudar a los párrocos se proyectaban al exterior con diversas iniciativas apostólicas. Una prueba de ello es la respuesta que se dio comunitariamente a la petición de ayuda del cura párroco de Puente Alto cuando no alcanzaba a atender la catequesis de una nueva población llamada "El Tranque".

Un año atrás hubo una toma de terreno, donde mucha gente "sin casa" construyó su cabaña esperando que el gobierno les proporcionara una vivienda más digna y amplia. Esta gente había sufrido uno de los inviernos más crudos por el frío y la lluvia.

El llamado del párroco fue para organizar una especie de "Escuela de Educación de la Fe" para los padres de esos niños que iban a recibir su primera Comunión. Con su característica generosidad acuden para organizar las inscripciones de los niños que alcanzaron a más de cien. En la pequeña escuela del barrio se comenzó el primer encuentro. Se formó un equipo para atenderlos y el resto de la comunidad se ocupó de otras actividades de la escuela "Las Nieves" y del cuidado de los alumnos del internado que no salían a sus casas los fines de semana. Así, cada fin de semana, los religiosos más jóvenes, después de la jornada escolar llegaban a la población a atender las necesidades pastorales del sector.

El éxito de esta empresa fue total. Se comenzó a formar una comunidad cristiana de base y los grupos se multiplicaron. La comunidad una vez más dio testimonio de estar inserta en el centro mismo de la vida del pueblo y de la Iglesia. El espacio se hizo pequeño y ya no había lugar para los encuentros.

Además de las pobres viviendas que entregó el gobierno a los pobladores ofrecieron un terreno para el culto católico. La empresa inmobiliaria no responde de su construcción. Deben ser los vecinos católicos quienes la construyan. Junto con la movilización de toda la población para conseguir los fondos necesarios se solicitó la ayuda solidaria a los colegios de España. Todos respondieron con gran generosidad. Esta obra, con templo y salas de reuniones, se transformó en un sector parroquial llamado Nuestra Señora de Fátima por ser un 13 de mayo cuando se dio inicio a ella. Allí dejaron su tiempo y parte de su vida, apoyados por su comunidad religiosa, los Hermanos José Luis Iturriaga, Carlos Orduna, Ángel Sánchez, Amador Angulo y el joven misionero laico Juan Martínez.

En todas las obras de la Delegación chilena los Hermanos abren el corazón, enseñan lo mejor que tienen dentro y sin descuidar el trabajo silencioso y abnegado de la pastoral escolar se dedican al trabajo extra-colegial volcados audazmente hacia los jóvenes.

Varios religiosos, entre ellos el Hermano Ramón Arizón, Responsable de la Pastoral Diocesana Juvenil de Ovalle, Miguel Uzábal, José María Zorrilla, se comprometieron a trabajar en el Movimiento Juvenil Palestra, fundado en Chile en 1969 por los Hermanos de La Salle, José Peñaloza y Ramón Lara. Bajo el influjo de la experiencia de Cursillos de Cristiandad adaptados a la juventud, pretendían realizar por medio de los mismos jóvenes las indicaciones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín. Respondían así a la petición de los obispos de formar líderes juveniles y ser educadores de la fe.

Además, animados por las exhortaciones del P. Nazario y las conversaciones del Encuentro de la Delegación de 1970 se vieron comprometidos en una rica renovación y experiencia apostólica extraescolar.

A finales de 1973 ya funcionaba en Ovalle un grupo de Scout, Cursillos de Cristiandad, se daban clases de Religión en centros fiscales y un religioso era Asesor zonal de la juventud.

En Viña del Mar la comunidad se responsabilizó durante año y medio de la Parroquia San Antonio, también animaron Cursillos de Cristiandad, un grupo juvenil, una tropa de Scouts y se comenzó a construir una casa o refugio en la comuna de Olmué a sesenta kilómetros de Viña del Mar, en la localidad de Granizo, con el fin de acoger a los alumnos del colegio y otros grupos en plan espiritual. Un religioso, el Hermano Antolín Llarena, trabajaba muy comprometido en la Junta de Vecinos del barrio.

A pesar de lo complejo de la obra de Puente Alto se animaron varios grupos juveniles, dos comunidades parroquiales y todas las labores eclesiales de la Capilla de "El Tranque", es decir, primeras comuniones, confirmaciones y otras labores propias de una Comunidad eclesial de base. Se atendió la capellanía de las religiosas Hijas de San José, y se cooperó en la animación litúrgica de las parroquias de Nuestra Señora de La Merced y Nuestra Señora de Montserrat.

Se trabajaba intensamente y se vivía un espíritu verdaderamente pobre. Los recursos económicos eran muy escasos, sin embargo la comunidad religiosa optó siempre por una educación y formación de calidad en beneficio de los más pobres. Para ello los Hermanos se preparaban en la Universidad. Después de una larga jornada escolar y extraescolar algunos se iban a regularizar sus titulaciones o prepararse para el sacerdocio. Seis religiosos seguían cursos oficiales y la mayoría aprovechaba las vacaciones de verano para realizar cursillos que ofrecía la FIDE (Federación de Institutos de Educación) o en el Hogar Catequístico de Santiago.

El 21 de Noviembre de 1971, día de la Presentación de la Virgen, fue para el Hermano Valentín Izar de la Fuente y para toda la comunidad un día muy significativo. Recibió de manos de Monseñor Sergio Valech, obispo auxiliar de Santiago, la ordenación sacerdotal. A sus 56 años y rodeado de sus Hermanos de comunidad celebró uno de sus días más esperados. El templo de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Puente Alto se encontraba abarrotado de fieles y amigos del P. Valentín. Fue una gran celebración. Le dio un realce muy especial el coro de niños de la escuela "Las Nieves" recién formado y dirigido por el Hermano Carlos Orduna. El Hermano Valentín fue el primero de varios religiosos, que animados por la necesidad pastoral viatoriana y el servicio a su comunidad, iniciaron su formación para recibir el ministerio del presbiterado dentro de los Clérigos de San Viator. Más tarde fue elegido como miembro misionero al Capítulo General que se realizaría en Roma.

Otro motivo de alegría en la comunidad viatoriana de Chile en estos años fue la llegada de los Hermanos Fernando Coronas y Eleuterio del Pozo de 25 y 23 años respectivamente. Vinieron desde España a ofrecer por tres años su juventud y su espíritu apostólico. El Hermano Eleuterio fue enviado al Colegio San Viator de Ovalle y el Hermano Fernando se responsabilizó del internado Las Nieves de Puente Alto.

Una triste noticia, a pesar de ser esperada y temida, dejó una gran impresión en la comunidad viatoriana provincial, especialmente en la misión de Chile, fue la muerte del P. Nazario el 7 de agosto en suelo chileno, después de una larga enfermedad. Es el primer misionero viatoriano español que murió en la brecha. Los Hermanos llevaron un luto lleno de esperanza y también de alegría por la seguridad de tener un intercesor más en el cielo. Todos los testimonios coinciden en que fue un gran hombre y un gran religioso.

Fue el P. Nazario Superior provincial de España de 1958 a 1968. Tras un año en Valladolid vino a Chile, en septiembre de 1969, y el 21 de octubre del mismo año fue nombrado Superior de la Misión.

Desde joven conoció la enfermedad: una pleuresía doble padecida cuando apenas tenía 18 años, le dejó señalado para toda la vida; más de un año pasó en un sanatorio entre 1943-1944. Varias veces hubo de pasar temporadas en el hospital, pero el P. Nazario se abrazó generosamente a la cruz y soportó sus males con una serenidad maravillosa, con una confianza en la Divina Providencia propia de los santos.

Nadie hubiera pronosticado que en 1958 iba a resistir diez años de provincialato a causa de su precaria salud. Si grande fue la huella que había dejado como Maestro de Novicios, no fue menos la que dejó como Superior provincial: era el superior bueno, comprensivo, espiritual, siempre acogedor; el superior preocupado siempre por las virtudes esenciales de la vida religiosa, hombre de oración, que pasaba largas horas ante el Sagrario.

Le asistieron en sus últimos momentos las religiosas Hijas de San José, Protectoras de la Infancia, comunidad vecina a la escuela "Las Nieves". La Superiora de la comunidad la Hermana María Rosa, nos dejó este precioso testimonio en una carta dirigida al Hermano Gerardo Soto, novicio en Valladolid:

"Durante dos meses le tuvimos junto a nosotras, acompañándole día a día en su dura prueba de la enfermedad que le envolvió al lecho y donde completó su sacrificio de entrega a Dios.”

“Tenemos un santo más en el cielo, dio pruebas de virtud hasta el último instante, en cada oportunidad nos decía algo espiritual o nos recomendaba ciertas cosas de vida de comunidad o formación y cariño hacia los niños. En los momentos en que creía realmente que se moría, pedía que llamaran al P. Feliciano y por estar en nuestra casa también me llamaran a mí diciendo: los superiores deben estar a mi lado cuando muera. Tratamos de complacerle sin omitir nada, estas últimas noches el P. Feliciano se quedó en casa además de otro Hermano, yo una noche dormí vestida por si me llamaba para correr a su lado.”

“Sufrió lo indecible, y ya pedíamos al Señor se lo llevara a descansar. Estuvo tres días sin hablar ni comer, no se recuperó y nos privó de lo que deseábamos, oírle una vez más.”

“El día de su cumpleaños ya estuvo en estado de coma. En fin nos ha quedado el consuelo de haberle atendido lo mejor que pudimos y con mucho cariño, él no quería estar solo y no lo estuvo ni un minuto, siempre día y noche un C.S.V. a su lado y también una religiosa Hija de San José.”

“Él, en su enfermedad, unió nuestras comunidades y así lo dijo a nuestra Madre general cuando lo visitó. Le agradeció que ella permitiera fuera cuidado por nosotras"

El Hermano José Antonio Izaga también fue testigo de su vida y de sus últimos momentos y del amor que tenía a la Madre de Dios:

"Murió como había vivido. Un hombre; un religioso santo que en todo momento estaba unido a Dios, conformándose en todo a su voluntad en medio de sus grandes sufrimientos.”

“Su devoción a María, grandísima, de tal manera que el día que llegué nos hizo cantar "Un día a verla iré al Cielo Patria mía, y allí veré a María". Su mirada y deseo en el cielo.”

“Como buen hijo del P. Querbes, su obediencia era por demás. "Diga a los religiosos de la misión que sean humildes, amen a la comunidad y a los pobres pero ante todo, humildad". Fue un mártir de la Misión de Chile.”

“A cinco para la una de la madrugada del día 7 expiró sin sufrir. A las seis trasladamos el cuerpo a la capilla pequeña y las dos comunidades tuvimos una misa. Se velaron sus restos y el día 8 a las once y media funeral en las Mercedes de Puente Alto con asistencia de alumnos y religiosos de nuestros colegios de Viña y Ovalle.”

“La noche del 7, después de amortajarlo fue una noche de cielo, entre oraciones y recordando anécdotas intercalábamos cantos que a él le gustaban y cantos de resurrección, pues teníamos un sacerdote en el cielo. Así lo comprendimos y así era una realidad. Tal es así que no rezamos por su eterno descanso sino que hicimos peticiones."

Fue enterrado en el mausoleo de los Padres benedictinos de Puente Alto. Después fue trasladado a la cripta que los Clérigos de San Viator tienen en La Florida.

En Chile y en España dejó fama de santidad por el testimonio de su vida de fe, su amor a los niños y pobres, su humildad y su ardiente amor a la Congregación y a la Misión viatoriana chilena.

La comunidad necesitaba un nuevo pastor. El P. Feliciano Nebreda fue nombrado nuevo Superior Delegado y comenzó su servicio de dirección de la Delegación a partir del 8 de diciembre de 1972, día de la celebración de la Inmaculada Concepción.

La situación económica y política se fue degenerando. En medio de las dificultades en que vivió el país los Clérigos de San Viator continuaron desarrollando su apostolado que los ubica en una frontera extremadamente complicada y difícil. El estado financiero de la Misión queda reflejado en el Informe Moral de 1973:

"En el estado financiero nos defendemos, pero a base de vivir de verdad a lo pobre. En los colegios de Viña y Ovalle han tenido que recurrir a que cada apoderado acuda en ayuda del Colegio con un aporte voluntario, después de hacerles ver que la subvención del gobierno no alcanzaba para pagar a los profesores ni el sueldo mínimo o acudían generosamente en ayuda de los colegios o tendríamos que cerrar.”

“Como los Colegios son gratuitos esta ayuda no la pueden pedir ellos sino el Centro de Padres y Apoderados de los alumnos, que al tener personalidad jurídica la Ley les concede poder ponerse cuotas voluntarias para sus fines. El colegio de Puente Alto, aunque tiene un Centro de Padres y contribuye con su aporte, no tuvo necesidad de ponerse en esa disyuntiva porque está la Sociedad que maneja sus propios fondos.”

“Nuestros fondos económicos actualmente son poco más o menos 4.500.000 escudos que traducido en dólares USA serían, en este día 19 de febrero, 6000. Al tener esto en escudos y teniendo presente el costo de los pasajes a España en Escudos tendríamos escasamente para que en 1974 pudieran ir de vacaciones 4 religiosos.”

“En Viña queda un fondo con lo cual se podrá pagar a los profesores durante tres meses y lo mismo en Ovalle. Esperamos que las subvenciones se nos den a tiempo pues de lo contrario sería difícil mantener los colegios."

El país se ha polarizado en bandos irreconciliables y las corrientes teológico-pastorales, al interior de la Iglesia creaban grupos que se descalificaban mutuamente. La Educación se vio seriamente afectada. Los sindicatos de profesores y centros de alumnos estaban fuertemente politizados. Las crónicas de la Revista "Viator Misionero" nos cuentan detalles de estos momentos:

"Se está poniendo de moda la toma de "fundos", apropiación de fincas y terrenos alegando que estaban mal cultivados. Se cierran los accesos de alguna manera, se coloca una bandera, se levantan algunas tiendas de campaña para los que hacen guardia...y ya hay nuevo dueño.”

“Así ha ocurrido con los terrenos que hasta hace poco tiempo fueron de los PP. Benedictinos, cerca de nuestro colegio de Puente Alto y que habían sido comprados recientemente por un socialista español.”

“Igual suerte han sufrido parte de los terrenos de la finca de la "Protectora de la Infancia", institución que mantiene varios colegios de huérfanos y niños pobres, entre ellos el nuestro de Puente Alto.”

“Lo más curioso, en este orden de cosas, fue la "toma" de los terrenos que nos asignaron para levantar la iglesia de "El Tranque". Al enterarse de lo ocurrido corrieron al lugar algunos Hermanos y pudieron convencer a los "asaltantes" que tenían ya levantada su tienda en señal de posesión, que la trasladaran un poco más lejos, ya que se había establecido en suelo donde se proyectaba construir una iglesia.”

“En este ambiente de huelga y desorganización, los cocineros y panaderos de nuestra Escuela Industrial han decidido hacer huelga los domingos y fiestas alegando que es poco el cincuenta por ciento de aumento del sueldo que reciben, tal como lo determina la ley. Exigen el ciento por ciento.”

“Mientras no se soluciona el contratiempo, el Hermano Zamorano se hace dueño de la cocina. Dicen que no sabe tan mal la comida preparada por el "pairecito".

"La "toma" por los apoderados y alumnos para que no se metieran en nuestro colegio unos 400 alumnos de una escuela fiscal, concluyó felizmente y se celebró a la chilena con un "lunch". Con todo ello ha quedado una cosa clara y bien positiva, y es que los apoderados de nuestros alumnos han demostrado, con hechos y sacrificios bien generosos, el cariño que sienten por nuestro Centro Educativo".

En Ovalle y en Viña del Mar también pasaban por dificultades:

"Nos escribe el Hermano Ramón diciendo que también allá arriba llegaron los desórdenes, la intranquilidad y las apreturas económicas. Parece que la situación de Chile se ha solucionado algo con la reorganización del gobierno. Pero la tranquilidad no acaba de llegar. Y termina así su carta:"no obstante no nos falta nada esencial. Nuestro ánimo sigue siempre y el espíritu cada vez más entusiasta"

La confrontación política produjo un quiebre nacional. Inútiles fueron los esfuerzos de la Jerarquía chilena: el Episcopado Nacional llamó a desarmar los espíritus y las armas; el Cardenal Raúl Silva Henríquez convocó a un diálogo entre Gobierno y el Partido Demócrata Cristiano. El 11 de septiembre de 1973 se produjo el golpe militar que derrocó al Presidente Salvador Allende. La figura del Cardenal Raúl Silva Henríquez fue crucial durante el gobierno militar. Muchas veces se enfrentó con el general Augusto Pinochet, pidiéndole explicaciones por las violaciones a los derechos humanos. A partir de la Asamblea de 1974, los Obispos chilenos se deciden a denunciar la situación de represión y violación a los derechos humanos.

Lo vivido en estos duros momentos queda reflejado en el Informe sobre el Estado de la Misión:

"Nuestros Colegios en el año 1973 han sufrido los vaivenes de la Nación. Hubo una primera etapa de marzo a septiembre, de tensión, incertidumbre, violencia, huelgas que incidió en todo, tanto en lo político como en lo económico y en lo educacional. Ciertamente que los alumnos y profesores de nuestros tres colegios, por lo general, no participaron en gran manera en las huelgas y violencias. La segunda etapa fue de tranquilidad y de orden y abarca desde el 11 de septiembre hasta el final del curso en enero 1974, etapa que se caracterizó por el trabajo intenso para poder recuperar el tiempo perdido en la etapa anterior, y por eso se prolongó el año escolar para la Enseñanza Básica y Media hasta el 15 de enero."

En medio de las grandes dificultades, la Comunidad no pierde su matiz carismático que la constituye y le da sentido a su identidad. En el acontecer diario de la vida de la Iglesia quieren ser responsables al mandato recibido del Papa Gregorio XVI cuando les dice "Crezcan y multiplíquense". El anhelo de todos es insertar el carisma fundacional en tierras latinoamericanas.

Para ser fieles a las recomendaciones del Vicario de Cristo, una de las grandes preocupaciones de la comunidad viatoriana chilena ha sido la pastoral vocacional. Con el cierre del Juniorado de Puente Alto comenzó una nueva etapa en el acompañamiento de los jóvenes en discernimiento vocacional. El día 3 de febrero de 1973 se anotaba una noticia que llenaba de alegría: Gerardo Soto, el joven chileno que hacía un año se encontraba realizando su noviciado en Valladolid hacía su primera profesión religiosa. A la emotiva celebración Eucarística presidida por el Superior provincial P. Luis Martín asistieron numerosos religiosos de la Provincia y, entre ellos, algunos misioneros que estaban de vacaciones en España. En Octubre de 1973 el Hermano Gerardo volvía a su tierra natal para ser parte de la Delegación de Chile.

En este mismo año, en el mes de abril, el P. José Luis Ezcurra, quien fuera misionero en tierras chilenas desde el año 1964 a 1968, fue elegido nuevo Superior provincial de España. El Capítulo provincial realizado en Vitoria, España, estuvo presidido por el Superior general, P. Thomas Langenfeld. Su elección fue motivo de gran alegría para la Delegación chilena pues veía en el P. José Luis Ezcurra a un gran amigo, conocedor de la realidad de la Misión y de cada uno de los Hermanos en particular.

Otro día de alegría para toda la Delegación fue el 26 de noviembre de 1973, fiesta de Cristo Rey. Se celebró en Puente Alto la ordenación sacerdotal del P. José Luis Iturriaga. La Liturgia fue presidida por Mons. Ismael Errázuriz, Obispo Auxiliar de Santiago. La Iglesia abarrotada de amigos, alumnos y apoderados, presentaba un aspecto impresionante. La interpretación de los cantos nuevamente estuvo a cargo del coro de niños de la Escuela Industrial Las Nieves de Puente Alto, dirigidos de manera magistral por el Hermano Carlos Orduna. La alocución del Sr. Obispo gustó mucho, al igual que toda la liturgia por su sencillez. Asistieron todos los Clérigos de San Viator de Chile.

La aportación carismática de la comunidad viatoriana continúa siendo muy importante para la Iglesia chilena y en cada momento de su historia ofrece desde la educación elementos para crear una sociedad chilena más humanizada y defensora de los más abandonados especialmente entre los niños y jóvenes.

jueves, 8 de julio de 2010

LLEVANDO LA PALABRA


HISTORIA VIATORIANA EN CHILE.
Capítulo tres:
LLEVAR LA PALABRA

Hemos visto dos capítulos de la historia viatoriana en Chile: Al alba de una aventura y Sembrando futuro. En éste nos referiremos a momentos de grandes opciones. El Concilio concluye en 1965. La fuerza del Espíritu que lo guía sigue impulsando a la Iglesia en los años sucesivos. Comienza así una época que podría llamarse tiempo del Concilio Vaticano II. Dirán los obispos latinoamericanos:
"Hoy, principalmente a partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia se ha ido renovando con dinamismo evangelizador, captando las necesidades y esperanzas de los pueblos latinoamericanos. La fuerza que convocó a sus obispos en Lima, México, San Salvador de Bahía y Roma, se manifiesta activa en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano en Río de Janeiro y Medellín, que activaron sus energías y la prepararon para los retos futuros".
En la década de los años sesenta se producen grandes cambios en el país. Acogiendo las propuestas del Concilio, muchos grupos de cristianos procuran en forma decidida establecer una presencia protagonista en la Iglesia del mensaje evangélico en una sociedad que lucha por una mayor justicia social.
Para comprender el espíritu que anima el apostolado de la educación en los Clérigos de San Viator en este período, es necesario tener presente el contexto histórico de la época. A grandes rasgos, algunos hechos relevantes ocurridos, tales como, la reforma agraria en fundos pertenecientes a la Iglesia, la realización del VIII Sínodo de Santiago, presidido por el cardenal Raúl Silva Henríquez, que lleva a una toma de conciencia en el personal apostólico santiaguino sobre el Concilio Ecuménico Vaticano II, la reforma de la Universidad Católica y acontecimientos protagonizados por la llamada "Iglesia Joven" nos ubican en un escenario altamente conflictivo.
"El período de 1962 a 1970 es, en la Iglesia chilena, un despertar violento. Por un lado, se percibe que la Iglesia no puede dejar que la instrumentalicen. Ella debe definir su misión y realizarla, aunque ello le cueste alejarse del sector, económicamente más influyente. Su lugar debe estar entre los humildes. Por otro lado, se exige a la Iglesia vivir la pobreza. Los obispos no son príncipes sino servidores y, dejan muchas de sus fastuosidades, palacios, vestimentas pomposas, joyas, etc. para vivir con mayor sencillez.”
“Para todos se va imponiendo cada vez en forma más clara un imperativo: construir la Comunidad de Base. Porque la Iglesia se entiende ahora como "Pueblo de Dios", "Sacramento de Salvación y Unidad" y no sólo como una sociedad perfecta. El tiempo se sintetiza como un tiempo de crisis. Pero, crisis de crecimiento."

La Conferencia Episcopal se robustece en su vivencia comunitario-pastoral y publica una serie de Cartas Pastorales iluminando la realidad Nacional con la luz del Evangelio. La Iglesia entrega su palabra orientadora:
"En Chile vivimos un cambio social explosivo y radical que, independiente de las formas políticas, que la pueden expresar, es una marcha irreversible. Vivimos el tránsito de un modo de convivencia a otro que queremos sea más efectivamente solidario. Ese paso será para los chilenos tanto más arduo y conflictivo cuanto menos tomen mutua conciencia del momento crítico que viven y de la responsabilidad decisiva que le cabe en esta hora a cada uno y a cada grupo social".
Dentro de este contexto e impulsada por sus ideales misioneros la joven comunidad viatoriana se compromete con más energías en la promoción integral de los más abandonados. Su trabajo como educadora de la niñez y de la juventud no tiene tregua. Hasta tal punto, que el Superior provincial en su tercera visita manifiesta su preocupación por el aumento de la cantidad de trabajo realizado por los religiosos. Al elevado número de alumnos se añade que varios hermanos siguen cursos de Licenciatura en la Universidad, fuera de sus horas de clases en el colegio.
"Los directores, dice el Superior provincial, al hacer la distribución de trabajo cuiden de que esto no exponga al religioso a un desequilibrio físico o psíquico o a un agotamiento que, aunque sea temporal, es fuente de nerviosismo, amargura, anemia espiritual, etc., que engendra mal espíritu.
Gracias a un intenso trabajo, el nombre de los c.s.v. se va extendiendo a Chile; tanto las autoridades eclesiásticas como las civiles han dado muestras de estima y aprecio. El establecimiento en Viña del Mar del ciclo Superior de Humanidades ha creado un serio problema de profesorado. Se ha comenzado a recoger algunos frutos: alumnos de clase humilde muy bien preparados en un centro completamente gratuito"
La mentalidad del trabajo duro y exigente en la que han sido formados los religiosos, sin un sano control, acarrea riesgos que quedan reflejados en el informe de la visita canónica:
"He convivido dos semanas con todos ellos reunidos en Puente Alto: la primera semana dedicada a los Ejercicios Espirituales anuales; en la segunda, por comisiones y en reuniones generales, hemos estudiado el programa del Capítulo General; este trabajo no ha sido profundo por falta de medios de consulta y por no hallarse preparados con un conocimiento suficiente de los decretos Conciliares, pero al menos se ha logrado que todos se dan cuenta de lo que la Iglesia nos pide.”
“Pude hablar en particular varias veces con cada religioso. La impresión de conjunto es francamente buena, mejor de lo que creía y mejor que en las dos visitas anteriores: se palpa buen deseo en todos los órdenes y una muy buena inteligencia y concordia en la vida comunitaria. A pesar de este buen deseo y mutua caridad, se nota falta de una preocupación activa ante la llamada de la Iglesia a los religiosos a una mayor santidad personal; no se ve reacción fuerte que dé origen a la verdadera renovación. Las causas no proceden de mala voluntad sino del demasiado activismo y del naturalismo a que lleva el ambiente que les rodea. A mi pobre entender es el mayor peligro que amenaza a nuestros religiosos" .
En 1966 y 1968 la Provincia de España envía otros religiosos a la misión. Son recibidos con muchas ilusiones y esperanzas los hermanos Ángel San Martín, Julián Lagos, Ángel Serna y Pablo Zamorano quienes se entregan llenos de entusiasmo a las obras donde han sido destinados.
En agosto de 1968 la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín, proclama la opción evangélica por los pobres, y reconoce la trascendencia de la educación para la promoción del hombre. La opción asumida por los Clérigos de San Viator en Chile es confirmada:
"La Iglesia, servidora de la humanidad, se ha preocupado, a través de la historia, de la educación, no sólo catequética, sino integral del hombre. La Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reafirma esta actitud de servicio y proseguirá preocupándose por medio de sus Institutos Educacionales, a los cuales reconoce plena validez, de continuar esta labor adaptada a los cambios históricos. Asimismo, alienta a los educadores católicos y Congregaciones docentes a proseguir incansablemente en su abnegada función apostólica, y exhorta a su renovación y actualización dentro de la línea propuesta por el Concilio y por esta Conferencia."
Más adelante entrega una recomendación bien concreta:
"En consecuencia, recomienda la obtención de los títulos correspondientes al ejercicio de su función educadora".
Animados por las palabras de los Obispos en Medellín y respondiendo a las necesidades de las obras, la Comunidad no se hace esperar. Tres hermanos: José María Zorrilla, Adelfo Álvarez y Javier Aguirre son enviados a realizar estudios de Licenciatura en la Universidad Católica de Valparaíso y durante las vacaciones algunos se han matriculado para realizar cursos de teología y catequesis. Otros siguen cursos de Pedagogía para regularizar sus titulaciones. Se considera absolutamente necesario iniciar un camino de mayor capacitación intelectual para continuar educando con excelencia en las escuelas viatorianas.
Durante 1967 y 1968 existe malestar por la marcha de la economía en el país. La situación financiera de los colegios se hace insostenible. El 30 de agosto se entrega a los padres y apoderados de Viña del Mar la siguiente nota: "Se cita a los señores Padres y Apoderados a una reunión urgente, para el jueves a las 18.30. Único punto a tratar: posible cierre del Liceo Parroquial San Antonio".
La educación que reciben los alumnos es gratuita. El colegio se sostiene por la subvención estatal fijada, según ley, al cincuenta por ciento de lo que cuesta un alumno de colegio fiscal, pero en realidad es menos pues el retraso con que llega y la devaluación de la moneda hace que se reduzca a un treinta por ciento.
Además, según voz común, la política del gobierno es hacer desaparecer la enseñanza particular, para imponer la estatal. En este período se han cerrado 226 colegios primarios y 38 secundarios y profesionales. Todos particulares. Los Hermanos tienen que recurrir a rifas, ventas en el kiosco, y otras formas para conseguir el dinero necesario y hacer funcionar el Liceo. Así testimonia esta realidad el P. Pablo Zamorano:
“Además de la clase, que era todo el día hasta las 16.30 o 17.00 horas, seguíamos hasta las 17.30 con las clases particulares de los medios pupilos y así tener algunas entradas más para poder comer. Cuando llegó la visita del P. General, P. Jean Réal Pigeon, el tesorero del Centro de Padres le hizo la siguiente pregunta a la Comunidad: ¿Ustedes reciben dinero de España para comer?, se le contestó que no, a lo que él continuó: ¿Entonces, de dónde sacan para comer? De lo que sacamos del medio pupilaje. Se quedó maravillado. Este hombre era masón y veía una contradicción entre lo que sabía o le habían inculcado de los “curas” y lo que él veía en la realidad.”
En Ovalle se solucionó el problema con los apoderados y en Puente Alto la Sociedad Protectora de la Infancia se ocupa de obtener los recursos necesarios.
Sin embargo, el esfuerzo conjunto de religiosos y apoderados logra que las obras se mantengan en pie con la excelencia académica de siempre. El impacto en la sociedad por la capacidad de trabajo y el buen prestigio que los Hermanos logran con tan escasos recursos se ve aplaudido por la visita que el Sr. Presidente de la República Don Eduardo Frei Montalva realiza al Liceo Parroquial San Antonio. Para recibir tal ilustre visita el colegio se vistió de gala. El acto fue sencillo y solemne. Hubo desfile del alumnado, izamiento de los pabellones nacionales de Chile y España, saludo del P. Director, discurso del Embajador de España, discurso de Don Félix Ruiz de Escudero. Posteriormente se inauguraron el laboratorio de física y la Biblioteca con la Enciclopedia Espasa y gran cantidad de libros, obsequio del gobierno español, merced a las diligencias de Don Félix. Las palabras de bienvenida por parte del Director del Establecimiento, P. José Luis Ezcurra manifiestan el estímulo que significa tal visita:
"Que este momento estelar sea para nosotros un estímulo para seguir construyendo a la juventud del mañana, que harán a su vez un Chile grande".
Y Don Félix Ruiz de Escudero, fundador del Liceo Parroquial "San Antonio", manifestaba también, su gratitud y apoyo:
"Hay una palabra que por ser tan usual pierde su eficacia y esa palabra es Gracias. Pero yo quisiera saberla pronunciar con ese juvenil corazón vuestro, con ese entusiasmo de vuestros padres y apoderados, con esa gratitud de profesores tanto seglares como religiosos de este establecimiento educacional y decirla con la más íntima de las fibras de mi corazón pletórico de este juvenil entusiasmo deciros, Señor Presidente, gracias, muchas gracias por prestigiar con vuestra presencia este establecimiento educacional"
En la Congregación, un acontecimiento de insospechadas consecuencias va a ocurrir. El Superior general, P. Miguel Sudres, convoca al Capítulo General de 1967. Este Capítulo realizado en Roma y ampliado hasta 1972, es ciertamente clave en el proceso de renovación de toda la Congregación.
Es preciso reconocer que la Santa Sede a través del Motu proprio Ecclesiae Sanctae era la propiciadora de la renovación de la Vida religiosa a nivel internacional, ya que había sido Roma la que había propuesto a cada Instituto religioso para que realizara un Capítulo General y adecuar sus Constituciones a las pautas y al espíritu del Concilio. La magnitud de esta empresa queda reflejada por el Hermano Luis Gutiérrez:
"El Capítulo Extraordinario de 1967 ampliado hasta 1972 va a constituir el gozne en el giro, de un antes a un después en la vida de la Congregación. Sólo los veteranos que han vivido en las dos vertientes podrán vivenciar adecuadamente las diferencias entre las dos formas de ser viatores".
Este Capítulo eligió un nuevo Consejo general. El P. Jean Réal Pigeon, canadiense, fue elegido como Superior General. Como novedad, es la primera vez que un viator español, el Hermano Luis Gutiérrez, forma parte del Consejo general y la última en que los consejeros van a ser elegidos por toda la asamblea capitular. Juntos realizan la visita canónica a las fundaciones de Haití, Colombia, Perú, Costa de Marfil y Chile.
En septiembre de 1968, la familia viatoriana chilena recibe con gran expectación la primera visita de un Superior general. Toda la comunidad puentealtina, incluidos jóvenes seminaristas, salieron a recibir al P. Jean Réal Pigeon que venía acompañado del Hermano Luis Gutiérrez. La visita comprende quince días que no dan bastante de sí, debido a las fiestas patrias que distrajeron una buena parte de la primera semana, a la distancia entre los tres centros y al amplio programa "ad extra" que en cada sitio habían preparado. Los Hermanos pudieron compartir sus experiencias y expusieron sus inquietudes. El resultado del encuentro queda reflejado en el anexo de la circular N° 4 que el Superior general escribió a toda la Congregación:
"En suma, la inserción de nuestros hermanos misioneros en su país de adopción, con ser como una prolongación de nuestra presencia en las provincias de origen, ofrece una característica adaptación felizmente lograda. En concreto, su actividad se encarna en obras que unas veces son diferentes. Pero cada una de sus obras, tal vez porque con frecuencia es única en un país determinado, responde a una urgencia claramente definida y sentida. Los estímulos que reciben de la jerarquía eclesiástica, frecuentemente de las autoridades civiles y de los padres de los alumnos, subrayan la importancia de su actuación."
Con la visita del Superior general y el Hermano Luis Gutiérrez los Hermanos misioneros se sintieron muy apoyados en su labor y aumentó su confianza en el futuro de la Congregación en tierras chilenas.
La Congregación se encontraba en estos años en un período de Capítulo especial. Los misioneros no tendrán una representación especial hasta 1972 y además carecían de suficiente información como para aportar con su opinión a las problemáticas que enfrentaban los capitulares. Sin embargo, al realizar esta visita el Superior general les hizo ver su cercanía y aprovechó la oportunidad para entregar su mensaje a los capitulares:
"El Concilio Vaticano II ha vuelto a afirmar el carácter misionero de la Iglesia. No estaría mal que nuestro Capítulo especial nos hiciese entrar profundamente en el espíritu misionero de nuestro Fundador y suscitase en nosotros un serio examen de nuestra donación en un campo en el que tenemos la obligación de compartir la misión y las obligaciones de la Iglesia"
En la Iglesia chilena como en toda la Congregación, varios acontecimientos incidirán para impulsar la "puesta al día": el Sínodo de Santiago, los Capítulos provinciales y generales, el encuentro de los obispos de Medellín y la nueva dinámica que adquiere la Conferencia de Religiosos, CONFERRE.
El giro, de un antes a un después, como lo expresa el Hermano Luis Gutiérrez, no se realizó sin grandes tensiones y polarizaciones al interior de las congregaciones y diócesis. La reforma de las Universidades Católicas de Valparaíso y la de Santiago, en cuyas aulas estudiaban seminaristas y religiosos creó un ambiente de grandes inquietudes que chocaron con generaciones del clero que se resistían a dejar sus estilos de vida y conceptualizaciones.
Cabe destacar que durante los disturbios universitarios participan con gran influencia nuestros religiosos estudiantes. Tienen una actuación destacada en defensa de la autoridad eclesiástica y de la reanudación de clases. El Hermano José María Zorrilla fue elegido por sus compañeros de estudios como Delegado ante el profesorado, el Hermano Javier Aguirre fue elegido Presidente de Alumnos del Departamento de Inglés y con la colaboración del Hermano Adelfo Álvarez contribuyeron mucho a unir voluntades y a restablecer amistades en quiebre después de los disturbios. Esto traduce, en cierto modo, el grado de inserción en la realidad que tenían los jóvenes religiosos viatorianos.
La Comunidad viatoriana entra en esta dinámica de "puesta al día" con una gran energía, dispuesta a enfrentar una búsqueda de identidad o de fidelidad al carisma fundacional. Al mismo tiempo, intenta responder a las necesidades que le plantean las nuevas realidades en las obras donde están insertos. El secretario de actas del Consejo de la Misión nos ilustra el espíritu que anima a la Comunidad:
"Se exponen varios sistemas de Apostolado. El P. Quintanal desarrolla uno con el que ha logrado óptimos resultados. Todos quedamos de acuerdo en fomentar grupos de Apostolado, tratando de orientarlos, lo más posible hacia los nuevos movimientos, sin que ello implique la pérdida de las características peculiares de cada agrupación. Se ve la necesidad de invitar en las reuniones de verano a especialistas en estos movimientos modernos y en estas especialidades con el fin de sembrar inquietudes en nuestros religiosos. Se apunta la conveniencia de introducir en nuestros colegios el apostolado de la Santa Infancia y de la Propagación de la Fe.”
“Se insiste en la necesidad de que la misa sea más vivida o participada. Habría que aprovechar el verano para aprender esos cantos que van saliendo, sin dejar de lado los que son tradicionales en Chile. Sería conveniente tener todos los días durante los Ejercicios una conferencia sobre Liturgia para ir empapándonos en dicha materia. En lo referente a la misa de nuestros alumnos se acuerda que cada uno vaya a su Parroquia."
A partir de 1967 comienza a brotar en varios hermanos de la Misión, la inquietud por acceder al sacerdocio. Esta situación no estuvo exenta de oposición de algunos superiores. Se comprende desde la tensión que se venía arrastrando en la Provincia y en toda la Congregación por la diferencia que se hacía entre las dos clases de religiosos: los hermanos y sacerdotes pasando estos últimos a ser catequistas mayores. El lenguaje en los escritos, mirados a la distancia parecen chocantes pero nos dan una idea para comprender estas tensiones que han sido causa de conflictos. Escribe el P. Miguel Sudres, Superior general al P. Nazario Izar de la Fuente, Superior provincial:
"Pertenecemos a una Congregación con muchas posibilidades, gracias a la presencia del sacerdote entre nosotros. Debiera ser el alma de la comunidad, pero ello pide una exigente selección inicial. Sin ella, corremos el riesgo de que lo pretendan quienes sólo aspiran a brillar. Y una vez ordenados, es absolutamente indispensable que no se porten como los burgueses de la Congregación y sé muy bien lo que digo" (1 sep. 1968).
El mismo P. Sudres escribía una circular a los religiosos españoles:
"Despuntan algunas pretensiones que suscitan envidias y reacciones poco conformes al espíritu del P. Querbes. Entre nosotros no debe haber otra pretensión que la de servir mejor. Cuando destacan por su autoridad, ciencia y aún por el sacerdocio, están destinados al servicio de sus Hermanos... Ruego a todos, si aman la Congregación, a que jamás se permitan singularidades no exigidas por su situación o su deber de estado. La lista de obediencias distribuye cargos, no honores".
El Hermano Luis Gutiérrez da cuenta de las consecuencias de esta situación:
"Quizá como consecuencia de esta tensión, en la Provincia de España se produjo una disminución de la demanda del sacerdocio y al final de la década de los sesenta nos encontrábamos en un grave desequilibrio entre el número de sacerdotes y las necesidades de las comunidades y obras".
El 8 de junio de 1969 se reúne el Consejo de la misión en Puente Alto y se plantea los estudios clericales del Hermano Valentín Izar de la Fuente quien era candidato a Ovalle para desempeñarse como profesor de ciencias pues las necesidades así lo requerían. Sin embargo, el Consejo en su mayoría se inclina por tratarse de un caso especialísimo, por unos estudios especiales de filosofía y posteriormente de teología.
El 16 de noviembre de 1969, en el primer Consejo de la misión presidida por el P. Nazario Izar de la Fuente se estudia y aprueba la petición del Hermano José Luis Iturriaga y de Valentín Izar de la Fuente para formarse en vistas al sacerdocio.
Posteriormente otros Hermanos, en número significativo para la Fundación, accederán al sacerdocio superándose los conflictos anteriores por la apertura conciliar, las decisiones capitulares de anular las clases de religiosos, las nuevas normativas y las necesidades de la misión.
Uno de los aspectos más novedosos en la vida religiosa de los años sesenta es el abandono de la sotana. Son los religiosos más jóvenes los que urgían el cambio. Esto provocó ciertas diferencias con los superiores de España que frenaban el uso del traje civil. Queda reflejado en la carta que dejó el P. Adrián Ormazábal a los Hermanos de Puente Alto:
"Tengan mucho respeto y veneración para el santo hábito. A los actos de comunidad - rezos, comidas, clases etc... - debemos presentarnos con el hábito completo. Es deber nuestro. Es hombría. Sobre este particular la santa regla no admite excepciones. Dejemos que la Iglesia y nuestros Superiores Mayores den, cuando ellos crean oportuno, otras normas sobre el uso del hábito y otra vestimenta. Cuando ellos dispongan de otra manera, también entonces deberemos obedecer con espíritu y con integridad no dejándonos llevar por la vanidad o por las modas mundanas".
Poco a poco se van dando pasos y la presión que ejercen los hermanos hacen que esta problemática no deje indiferentes a los superiores y vayan entregando normas concretas:
"Por la Circular del Reverendo Padre Provincial nos hemos enterado de las últimas normas al respecto. El Consejo de la Misión reunido en Puente Alto el día 14 del presente cambió impresiones sobre su aplicación en Chile. Los hermanos pueden usar traje gris oscuro (marengo en dos tonos) y corbata negra, para las salidas. Hasta que no llegue la insignia anunciada, se llevará la actual (c.s.v.). Dentro de casa se llevará sotana o clergyman con blusa de religioso. Se ha propuesto a la Dirección Provincial el poder usar con el clergyman, una blusa de color, a causa del polvo que abunda en dos de nuestros colegios. Esperamos la respuesta. Asimismo se ha consultado si la camisa negra o el niki pueden sustituir a la corbata. De todo ello se les pondrá al corriente en cuanto se sepa la respuesta. Son cosas que no tienen importancia consideradas aisladamente, pero desde el momento que formamos comunidad y que los Superiores así lo han dispuesto, para mayor uniformidad, ya no son cosas indiferentes. En el mismo Consejo de Misión se determinó que se podrá usar la tenida de salida en las reuniones o actos sociales que tengan lugar dentro del colegio, tales como Asambleas del Centro de Padres, distribución de premios y alguna otra similar."
En 1969 aparece una nota curiosa en las actas de la fundación donde queda de manifiesto la diferencia de criterios entre los religiosos respecto del uso del hábito:
"Hay religiosos que no llevan el hábito en la casa o lo hacen con poca frecuencia, aunque está mandado usar la sotana o el clergyman. Igualmente no se cumple la prohibición del uso de las blusas azules en clase. Se discute bastante este punto de exigir a toda costa lo mandado. Hay diversidad de opiniones y no se llega a acuerdo"
Recién en 1985, con la aprobación de la nueva Constitución y los Reglamentos Generales, queda zanjado el asunto quedando el anillo que se entrega al religioso en el momento de su profesión perpetua como el único signo exterior de pertenencia a la Congregación.
En España se reúne el Capítulo de elecciones en Valladolid el 8 de abril de 1968. Es electo el P. Luis Martín. Dada la difícil situación en que se encontraba la Provincia, el nuevo Superior provincial llama al P. José Luis Ezcurra quien goza de gran simpatía entre los jóvenes para que asuma la función de Asistente. En Chile fue una sorpresa inesperada. Le reemplazará en la Dirección del Liceo San Antonio el P. Saturnino López recientemente llegado de España, quien permanece un tiempo en Puente Alto para adaptarse y ponerse al día en legislación educacional nacional.
Dejado el provincialato, el P. Nazario Izar de la Fuente, quien había impulsado con mucho entusiasmo la Misión de la Inmaculada, solicita ser enviado a trabajar a Chile. Junto a los Hermanos Ramón Arizón y Graciano San Martín recibe el crucifijo de misionero en Valladolid. Les acompañaba en la misa de envío el joven Hermano Léon Desbos, de la Provincia de Vourles, quien venía de regreso después de haber estado un año desempeñándose como profesor de francés en Viña del Mar. Al mes de llegar a tierras chilenas, el 21 de octubre de 1969, se le nombra al P. Nazario delegado del Superior provincial. Sustituye al Hermano Saturnino San Martín que había ejercido ese cargo desde 1957. Le acompañan como consejeros de la Misión el P. Feliciano Nebreda y los Hermanos Javier Aguirre y Miguel Uzábal.
Un acontecimiento importante a finales de 1968 es el cierre del seminario menor, el Juniorado. Varios fueron los motivos para llegar a esta decisión. El 21 de octubre de 1968 se reunía el Consejo de la Misión para tratar, entre otros puntos, una nueva organización del Juniorado de Puente Alto. Después de reflexionar ampliamente las estadísticas de las congregaciones sobre la perseverancia de los jóvenes en los seminarios menores y dado el escaso número de los juniores, unido a la carencia de un reclutador, el Consejo de la misión estimó conveniente dar un nuevo enfoque a la pastoral vocacional. En lugar de mantener el tradicional sistema de Juniorado, se dedicaría un religioso en los colegios de Viña y Ovalle a grupos apostólicos con miras a futuras vocaciones sacerdotales y religiosas procurando terminen la Enseñanza Media antes de ir al noviciado. Estos grupos apostólicos serían también integrados por jóvenes de otros centros de la ciudad, aunque no se excluye la posibilidad de reclutar algún alumno mayor de Enseñanza media y que viva en la comunidad de Puente Alto.
El impacto de la obra viatoriana chilena trae consigo el interés y la preocupación de amigos de la Congregación en España. El Hermano Graciano San Martín, Secretario de Misiones, impulsó durante once años una gran ayuda solidaria en los colegios de la Provincia. Trabajó especialmente en la Lotería de Navidad para reunir fondos y costear gastos que requería la misión para sus obras. Le sucedió en este servicio el Hermano Liberto Vázquez quien con no menos generosidad dio lo mejor de sí en beneficio de la obra chilena.
También hubo laicos que pronto se entusiasmaron con ideales misioneros y sociales comprometiendo solidariamente sus años juveniles con los más necesitados. A mediados de febrero de 1969 partía para Chile el joven laico Antonio Tobar Galindo, Maestro Nacional de Madrid y antiguo profesor del Colegio San Viator de Madrid. Después de permanecer casi dos años sirviendo abnegadamente con los más pobres en la Escuela "Las Nieves" de Puente Alto, regresa a su Patria convertido en el primer misionero laico de la Provincia viatoriana española.
Una cuestión que inquieta a los Hermanos en estos años es la periodicidad de los viajes de vacaciones a España. Esta situación debemos enmarcarla dentro de la vivencia de una auténtica vida de pobreza y austeridad en que viven desde la fundación. Naturalmente la vuelta cada seis años a más de alguno le causaba cierta angustia. La tendencia de la mayoría es que se redujera a cinco años. Existía disparidad de opiniones. Algunos pensaban que tratándose de la misión de Chile y por el clima benigno, la misma lengua y similitud de costumbres no parecía que se encontraran en necesidad de volver a la Patria con la frecuencia que lo hacen los misioneros de África, Perú, Colombia o Formosa. Otros opinan que los viajes a la Patria con demasiada frecuencia podría ser un antitestimonio de pobreza incluso para familiares y vecinos. La vuelta cada cinco años suponía un fuerte gasto para la misión.
Quienes eran de la opinión de viajar a España cada cinco años daban diversas razones, tales como, una renovación espiritual y la posibilidad de retomar nuevas fuerzas gastadas por la dureza del apostolado. Además, pensaban que el estar en un país dominado antes por españoles, a pesar de ciertas similitudes, crea en algunos un clima de malestar y aumenta la nostalgia. La gran distancia hace vivir al margen de la Comunidad Provincial y de la Patria, aumentando el aislamiento. Se unía a esto la opinión que la dureza de la vida en Chile no es diferente sino muy comparable, y tal vez, superior a la de Bouaké, Perú y demás lugares de misión donde los períodos de estancia son menores. Se pensaba también que el dolor de la separación tan larga que sufrían los padres y familiares en general de bastante edad, se aliviaría en parte si se redujera el tiempo previsto.
Un tema que de manera especial toca la sensibilidad de los más jóvenes y los ideales misioneros se resuelve realizando una consulta donde la gran mayoría se muestra inclinada a que se viaje a España cada cinco años.
A partir de 1970 comenzaban a vislumbrarse tiempos más conflictivos para la sociedad chilena y la Congregación. Los Hermanos se plantean muchos interrogantes sobre la calidad y la continuidad de las obras educacionales. Si se han impuesto un acto heroico al venir de Europa para insertar el carisma congregacional están por encima de las dificultades y van a realizar correcciones, si es necesario o emprender nuevos proyectos para mejorar el camino al que se han comprometido en favor de los jóvenes y los pobres.
El Consejo de la Delegación pidió al Superior Delegado del Provincial en Chile realizar una encuesta secreta para tomar el pulso de las obras y el sentir de los Hermanos respecto del futuro de la misión educadora.
Se tomó como norte orientador la organización del curso 1970. Era difícil tomar la dirección de las obras por la magnitud que comenzaban a tener y la necesidad de enviar a algunos religiosos a realizar estudios universitarios. La enseñanza obligaba a tener efectivos con competencia de títulos. Parecía claro que dedicar más religiosos a formarse y mantener los tres colegios sin el refuerzo de dos o tres religiosos de España sería imponer una carga demasiado pesada al personal religioso docente. Se preguntan cuál de las tres obras estarían dispuestos a abandonar en primer lugar si las circunstancias exigieran tal abandono.
Son muy interesantes las respuestas que se recogen y muestran claramente la opción por los pobres y la decidida continuidad de las obras educacionales pese a los nubarrones que se ven en el horizonte.
Esta es la carta que envía el Superior a los Hermanos cuando obtiene sus respuestas:
"Queridos Hermanos:
Aprovecho este día, 111 aniversario de la muerte del P. Querbes para ofrecerles la síntesis de las 19 respuestas al cuestionario que por iniciativa del Consejo de la Misión les propuse:
1. A la primera pregunta, ¿siente añoranza de su apostolado en España?, dos respuestas afirman débilmente; las otras 17 dan un "no" rotundo.
2. Sobre la satisfacción de su trabajo apostólico en Chile: 7 se dicen satisfechos, 6 poco satisfechos y otros 6 no satisfechos. Es decir, más de la mitad, 12, insatisfechos; la mayor parte, algunos lo expresan, soñaban con hacer más y mejor en Chile.
3. Si descartamos un "no" categórico y el "poco" de otro, los 17 restantes afirman que se sienten inclinados a realizar su apostolado entre los pobres.
4. Dos postularían por Ovalle, 5 por Viña, 2 por Puente Alto, y 10 se manifiestan indiferentes al lugar de su campo de apostolado.
5. Cuál de las tres residencias responden hoy mejor al objetivo de nuestra venida a Chile y a las necesidades de Chile? Las tres responden perfectamente, afirman 6; 4 piensan que Viña es la que mejor responde, uno no sabe, 9 creen que Puente Alto.
6. Tres no se definen sobre cuál de las tres obras abandonar si las circunstancias obligaran a restringir nuestro campo de apostolado, 2 creen que Viña es la primera que habría que abandonar, 3 que Ovalle, y 9 que Puente Alto; por razón del internado, por no tener personal preparado 5, y por ser la más difícil 2.
7. Aceptaría con gusto ser destinado a Puente Alto. Responden con un sí categórico 6, con un categórico no otros 6, y con un sí condicionado 7.
8. Hay seis que temen a Puente Alto, el internado y la falta de organización asusta a 4, y 8 no temen ser destinados a Puente Alto.
9. La gran mayoría aceptaría ser destinado a Puente Alto aunque fuera haciendo un acto de fe 4, 1 no se siente capacitado, y otro nada dice.
10. Las respuestas se refieren a los estudios; 4 desearían hacerlo a jornada plena, 2 a media jornada y 1 quisiera seguir curso de pastoral juvenil."
El contenido del comentario que realiza el P. Nazario nos ilumina las respuestas y nos revelan la mirada de fe y el entusiasmo con que goza la comunidad en su trabajo:
"Me permito unas líneas comentario a las preguntas 2 y 3.
Temía las respuestas a la pregunta número 2. La insatisfacción de más de la mitad me causa preocupación. Sin conocer el porqué, que en algunos casos puede ser indicio de mucho celo, pienso que la insatisfacción restará alegría y optimismo a la comunidad, efecto siempre negativo en la obra de apostolado que supone darse con alegría.”
“Las circunstancias adversas que atravesamos: evolución y enfrentamiento de ideas, la indiferencia del medio ambiente a la acción del religioso apóstol, el reducido número de religiosos de cada equipo insuficiente para realizar un trabajo bien organizado, la misma deficiente organización de nuestros colegios, la difícil integración de los profesores seglares en el apostolado, etc., etc., no favorecen siempre la alegría y optimismo comunitarios; nos hacen pensar demasiado en lo negativo y gastar energías que podríamos emplear en la acción y en ver lo positivo de nuestro apostolado.”
“Sabemos que la vida religiosa es cruz y que el verdadero apostolado no está exento de ella; pero la cruz y las dificultades ni quitan el optimismo ni la alegría del apóstol que vive en la intimidad con Dios en una comunidad de amor fraterno. "Arroja tu ansiedad en el Señor y Él te alimentará" dice el salmista, que podemos traducir: "Échate en el corazón de Dios y en el de tus hermanos y Él y ellos alimentarán tu optimismo y tu alegría".
“La inclinación al pobre manifestada en las respuestas a la pregunta 3 es algo muy, muy positivo. Tenemos que pedir al Señor que esa inclinación, don suyo, sea cada día más eficiente y capaz de responder hasta el máximo a lo que necesita y espera la Iglesia de nosotros. "El religioso debe ser portador de la Buena Nueva a los pobres", nos dice Medellín. Esto supone en las comunidades y en los religiosos una definición clara y personal frente al pobre de bienes materiales, de bienes espirituales y de unos y otros. Definición auténtica que se traduzca en espíritu de pobreza, en buenas palabras, etc., etc., pero sobre todo en hechos, servicio, disponibilidad, acercarse al pobre, etc., etc.”
“Quise esperar a conocer el resultado de las elecciones presidenciales para enviarles las líneas que preceden. Ese resultado sea para nosotros motivo de reflexión. Hemos podido apreciar la gran fuerza del marxismo en Chile, no expresamente enemiga de la religión pero sí, como todo marxismo, favorecedor de lo que puede ser elemento de penetración del materialismo y de lo que puede ir alejando al pueblo de Dios.”
“Tienen que ser esos resultados adversos a la religión un llamamiento a una unión más cerrada entre nosotros en la oración y en la vida comunitaria que nos prepare para un apostolado normalmente más difícil.”
“Y tiene que ser estos meses, en que irán despejando incógnitas y aclarando posiciones en el campo político, tiempo de serenidad y de confianza en la Providencia unidos a la prudencia en las palabras sin demostrar pusilanimidad o cobardía en nuestra misión apostólica como religiosos.”
“De momento no parece tengamos nada que temer; en cuanto al futuro, estamos en manos de Dios: Él es Dueño y sabe sacar el Bien de lo que a nosotros nos pueda parecer mal. Unidos ante el Sagrario y en la Virgen Inmaculada. Affmo. P. Nazario, csv."
Es la mejor expresión como evaluación de estos años, señalados como de entrega generosa al anuncio de la Palabra en una opción por los jóvenes y los pobres de Chile.

miércoles, 23 de junio de 2010

SEMBRANDO FUTURO

















Las esperadas y alentadoras visitas del Superior Provincial, P. Nazario Izar de la Fuente (5-V-1960 y 3-I-1963) dan nuevos impulsos a la joven Fundación y abre nuevas y audaces perspectivas de futuro. Su gran preocupación fue fortalecer los lazos comunitarios. Los Hermanos llevaban varios años juntos en los colegios de Viña del Mar y La Laguna del valle de Curacaví y los inevitables roces y diversidad de criterios afloraban causando más de algún malestar.
"Encontré a la comunidad con cierta inquietud como quien recela porque todo no va bien y al mismo tiempo espera y anhela renovarse. Tanto en Viña como en La Laguna había problemas de vida comunitaria y también por diferencias de criterio.
A pesar de esas deficiencias que sin duda han perjudicado al espíritu de familia ha asistido en todos buen deseo y se ha trabajado mucho y bien en las dos obras que teníamos encomendadas: lo atestiguan el fruto académico del Liceo de Viña y el testimonio de personas acreditadas tanto en Viña como de La Laguna.
Ha sido trabajo entre los humildes: todos los alumnos son gratuitos y de familias pobres salvo raras excepciones."
El Superior provincial realizaba una ardua tarea hablando con cada uno de los hermanos, conociendo cada rincón, inyectando nuevos ánimos, levantando aún más los ideales y señalando rutas luminosas para el futuro.
En esos primeros años, el florecer de la Comunidad viatoriana no se da en forma superficial y calculadora como quien proyecta una empresa para lucrar con la educación, sino que requirió de una vocación de profunda consagración a Cristo y una comprometida vida en fraternidad. Los religiosos, junto con renunciar a su Patria y afrontar nuevas dificultades no se dejaban amedrentar por los desafíos sino que se sentían partícipes de un proyecto de conquista espiritual a través del carisma congregacional que la Iglesia les había confiado.
"Tanto durante los días de ejercicios espirituales como en posteriores meditaciones y conferencias se ha hablado sobre la autenticidad religiosa. Religiosos y apóstoles, recalcando la absoluta necesidad de un mayor espíritu misionero y de familia.... la santa regla en sus puntos esenciales se ha cumplido en ambas residencias: lo mismo hay que decir de los votos y ejercicios de piedad".
La pequeña comunidad de viatores misioneros fundadores en Chile, había soportado la lejanía de sus familiares, una pobreza heroica, la dedicación sacrificada al trabajo de la educación consagrada totalmente a los más pobres, y al enfrentar una serie de retos, sin duda hacía acumular una fuerte carga emocional que afloraba al compartir las experiencias y sentimientos con el P. Provincial. Queda reflejada en su mensaje de despedida:
"La Providencia que nos ha favorecido visiblemente continuará bendiciendo nuestros esfuerzos con tal de que seamos todos auténticos C.S.V siguiendo en la línea que nos marca nuestro P. Fundador guiados por los superiores.
He aquí algunas consignas que dejó a los C.S.V. de la provincia española destacada en Chile después de agradecerles las atenciones que han tenido para conmigo estos dos meses.
- Las misiones de la provincia en Chile deben formar un “unum” a pesar de la distancia que las separa y del carácter de las obras: formar una sola familia.
- Cultiven el espíritu misionero y mantengan el espíritu que animó a los superiores al iniciarse la misión: espíritu de pobreza en los religiosos y dedicación al pobre.
- Los Directores fomenten en sus comunidades la vida de unión con Dios...
- Traten los Directores de hacer grata la vida abnegada de trabajo de los coadjutores: siembren el espíritu de alegría pero sin concesiones opuestas a la Regla.
- Vean cómo hacer de cada colegio un centro de apostolado organizado, catequesis, AC. etc..."
El P. Miguel Sudres, Superior general que amaba la misión chilena con predilección, pronto escribió una carta muy sentida dirigida a los Hermanos de Chile, animándoles a continuar trabajando con esfuerzo.
"Mis queridos hermanos:
Acabo de leer, con el corazón tanto como con los ojos, el informe del R. P. Provincial de la visita canónica.
Doy gracias al Señor, con él, por todo el bien que nuestra Congregación realiza en aquellas tierras. Con mucho gusto os felicito y os animo a que continuéis trabajando esforzadamente "
Y después de compartir sus reflexiones con su corazón de padre y pastor concluía:
"Mi corazón mantiene siempre muy viva la llama en lo que toca a esta misión de la Inmaculada que me gustaría volver a contemplar para darme cuenta de vuestras dificultades, de vuestros esfuerzos y de vuestros éxitos. ¡Ay, quizá no podré hacerlo nunca! ¡Dios lo sabe! El que siembra no debe preocuparse de saber si verá o no la cosecha que otro quizá recogerá.
El apostolado es duro, mis queridos hermanos. Pero más duro y más terrible es no ser santos cuando uno está unido a una obra de santidad.
Os deseo la alegría de los santos, la alegría de Jesucristo y de los verdaderos apóstoles que viven juntos, unidos en el amor de Jesús y en El me reitero de todos affmo. s.s. y padre. Miguel Sudres. c.s.v., Superior General".
Las visitas del P. Nazario fueron un aliciente para que los hijos del P. Luis Querbes robustecieran su mística evangelizadora y se insertaran carismáticamente en la Iglesia chilena. Se sintieron más fuertes y confirmados en el trabajo en que estaban comprometidos.
Entre los frutos prácticos de las visitas canónicas del Superior provincial está la llegada de nuevos refuerzos y la apertura de nuevas obras. Los Hermanos José Antonio Izaga y Miguel Uzábal pronto se ganan a sus pequeños alumnos y apoderados, y se hacen chilenos con los chilenos. Antes había arribado el Hermano José García. El 2 de febrero de 1961 el Superior General imponía el crucifijo de misioneros y despedía en viaje a Chile a los Hermanos Jesús Gorostiza, Juan Urquiza y Adelfo Álvarez. El P. José Quintanal tomó el avión en julio para incorporarse al Liceo San Antonio y tomar posteriormente la Dirección en marzo de 1960. El 11 de febrero de 1961 iniciaban viaje los Hermanos Daniel Montalbán y Javier Aguirre quienes recibían el crucifijo de misioneros en el Castillo de Javier. Con su presencia, la Comunidad se siente muy animada y reconfortada. La reciente fundación de la Laguna y la futura de Ovalle y Puente Alto abren nuevos horizontes de expansión.
Durante esta época la opinión pública de América Latina se está ocupando con vivo interés de los problemas del campo. El subdesarrollo, con sus terribles consecuencias que engendra el “drama del siglo”, y la inseguridad social, que crea las tensiones que amenazan la estabilidad del continente, encuentran una de sus principales fuentes en el problema de la tenencia de la tierra cultivable.
El Episcopado Nacional en numerosas ocasiones ha llamado al fiel cumplimiento de las enseñanzas sociales de la Iglesia y recientemente los obispos de Brasil, Colombia y Perú se han comprometido con la reforma agraria. Los congresos de vida rural han sido elocuentes testimonios del interés de la Iglesia, en que religiosos y laicos han estudiado este problema tanto a la luz de los principios de la Iglesia como de la realidad económica, social y cultural de Latinoamérica.
Monseñor Emilio Tagle escribe a Monseñor Manuel Larraín: "No podemos permitir que la Iglesia aparezca ausente de este problema, y sean otras ideologías las que propicien, cuando esto constituye un aspecto de nuestro pensamiento".
Una nueva oportunidad de responder a las necesidades y preocupaciones de la Iglesia se presenta a la joven comunidad viatoriana chilena y se lanza a una nueva inserción entre el campesinado de Melipilla.

Merece destacarse esta obra por tratarse a la vez de una escuela básica y una parroquia que nos recuerda las del P. Luis Querbes. El contacto inicial lo hicieron los padres franciscanos belgas y a petición del Nuncio Apostólico Monseñor Sebastián Baggio, se acepta la invitación realizada por el dueño del Fundo "La Laguna", Don Emilio Madrid Osorio.
Se trata de una escuela de enseñanza primaria, gratuita, subvencionada por el Estado, para los hijos de campesinos quienes además de instrucción y educación recibían su ración de alimentos al medio día. Los alumnos son muy pobres. Se cuenta en las crónicas que los niños sólo tenían un par de zapatos con los que iban a clases y en el recreo, al jugar, se los quitaban para no romperlos.
Los Hermanos no se hacen esperar y con su acostumbrada generosidad, el día 26 de febrero de 1962 se trasladan para formar la nueva comunidad Jesús Gorostiza quien ejercerá como Director, Juan Urquiza, Miguel Uzábal y el P. Roque Mendizábal.
Los comienzos de esta fundación han sido consoladores: 170 niños, número insospechado, acuden al colegio y el celo parroquial de los religiosos se ve correspondido con cariño y devoción por aquella gente pobre, humilde y de gran corazón.
La donación de un terreno de 23 hectáreas que realiza el dueño del fundo crea las ilusiones de una futura casa de formación e incluso el amor a la Congregación hace pensar en un primer noviciado en Chile pues algunos jóvenes comienzan a plantearse la posible vocación viatoriana.
La realidad del Chile de los años 1960 iba a ser remecida. Además de uno de los más grandes terremotos a nivel mundial se unió un maremoto afectando a gran parte del centro y sobre todo del sur del país.
Eran las 14:55 P.M., del 22 de mayo de 1960, se detecta un gran sismo, con probable epicentro den el mar. El cual tuvo una duración de 10 minutos. Más tarde se comprendería que este verdadero cataclismo tuvo 37 epicentros que entraron en acción como una gran cadena. Estos se repartían de Norte a Sur en una extensión de 1350 kilómetros, lo que constituyen unos 400.000 km2. Es por ello que en algunos lugares el sismo concluyó primero. En ciertas zonas, como las comprendidas en Puerto Saavedra y Chiloé, los epicentros se encontraban en la región costera y en algunos puntos cordilleranos motivándose unos a otros, lo que explica la duración del fenómeno.
La magnitud máxima registrada fue de 9,5 en la escala de Richter, y constituye la mayor magnitud registrada de un terremoto en la historia sísmica mundial. El fuerte movimiento abarcó 13 provincias desde Talca hasta Chiloé, incluyendo 11 Provincias afectadas por el terremoto del día anterior. La intensidad máxima alcanzada fue de XI en escala de mercali modificada en la Zona de Valdivia, pero revisando los desastres provocados en algunas zonas, bien se pudo haber asignado una intensidad de XII.
Lo que sobrevino después fue indescriptible: Derrumbes, incendios, inundaciones. Una lluvia copiosa y el maremoto. El cálculo final de muertos y desaparecidos nunca se ha sabido con precisión, ya que, por falta de registros, o falta de datos de zonas demasiado lejanas los informes de la época no coinciden en una cifra única. Se habla de 10.000 muertos.
Varios rectores de la ciudad de Valdivia y 10.000 hectáreas al sur de ella se encontraban inundadas y desde el aire se puede ver, incluso hoy, las granjas y cercas que delimitaban zonas agrícolas y que hoy son parte de las aguas del mar que se internan 100 Kms. hacia el interior. Este fenómeno en un principio fue atribuido a un aumento del nivel de las aguas del mar, pero luego se explicó la verdadera razón del anegamiento: el terreno de la región se hundió con respecto de su nivel anterior al terremoto, una franja de 20 a 30 Kms. de largo y 500 Kms. de ancho se hundieron de golpe, unos dos metros.
La tragedia deja al descubierto una realidad mucho más cruda. La solidaridad de muchos descubre con asombro que emerge entre las ruinas una situación no de pobreza sino de miseria. Los procesos pastorales de la anterior década han ido formando en la Iglesia condiciones de sensibilidad social para denunciar la situación infrahumana que viven grandes sectores.
La comunidad no permaneció indiferente, además de realizar una colecta entre los padres y apoderados para ayudar a los damnificados, acogió en las aulas del colegio a un grupo de 23 niños de la ciudad de Valdivia que quedaron completamente abandonados, con su casa destruida y la familia desaparecida entre las ruinas o arrastrada a las profundidades del mar. Éste fue su hogar mientras el gobierno los reubicaba.
En la carta pastoral "Los Deberes de la Hora presente" publicada por los obispos de Chile denuncian que el terremoto les ha hecho ver con claridad "la miseria silenciosa de una gran porción de chilenos llevada a sus últimas consecuencias por el cataclismo. Los grandes problemas chilenos de la desnutrición, de la falta de casas suficientes, de la escasez de escuelas, de la carencia de trabajo, se ha ido destacando con caracteres más nítidos".
Esto movió a que los cristianos robustecieran un movimiento cada vez más comprometidos en promover los cambios sociales y políticos del país para superar la injusticia social existente. La convocatoria realizada por el Papa Juan XXIII invitando a los obispos de todo el mundo a reunirse en el Concilio Vaticano II, provoca en la Iglesia chilena un despertar a favor de la renovación. Esto se ve reflejado en la carta pastoral del 21 de junio de 1961 en que los obispos invitan a preparar aportes para el Concilio, el cual realizaría su apertura solemne el 11 de octubre de 1962.
La organización pastoral chilena va tomando cada vez más conciencia de su responsabilidad y la urgencia del apostolado social. Toda esta realidad se expresó en la carta pastoral "El deber social y político en la hora presente" del 18 de septiembre de 1962, que después de denunciar la situación de injusticia social en que vive el país, concluye:
"Tenemos contraída con Cristo la obligación de cambiar con la mayor rapidez posible la realidad nacional, para que Chile sea patria para todos los chilenos por igual. No queremos tampoco actitudes violentas y superficiales que dejen intacta la miseria. No queremos tampoco contentarnos, dejando las cosas como están, con vagas promesas de cambio que nunca llega"
Este soplo del Espíritu impulsó a laicos, clero y religiosos a participar arduamente en un gran movimiento de la pastoral nacional, la Misión General de 1963.
La comunidad viatoriana no permanece encerrada en sus muros comunitarios o en sus responsabilidades escolares. Se involucra con todas sus energías en este despertar de la pastoral adhiriéndose al llamado de los obispos y a través de sus tribunas colegiales y misioneras.
"La misión de la Inmaculada de Viña del Mar consciente de la necesidad acuciante de acción apostólica por el ambiente que rodea, se organizó estratégicamente para aprovechar la devoción del pueblo por la Virgen y se lanzó al apostolado exterior. Tres fueron los centros de actuación: la Parroquia, la Gruta de Lourdes de Coraceros y el barrio obrero de la población textil en el Sausalito. Toda la comunidad de una u otra forma participó en la campaña; y en plena calle, "al estilo evangélico" partió la comunidad a llevar el Evangelio a mucha gente.
El carácter de la Misión deja de ser el tradicional. No habrá concentración de masas, sino que se irá en busca del individuo en particular, hombre por hombre, casa por casa, imitando el estilo protestante, creando lugares donde la gente se reúna para orar en grupos pequeños, aunque no vayan a misa y no estén presididos por un sacerdote sino por un laico. La experiencia de la Misión marca en forma definitiva un nuevo criterio pastoral, esto es, la prioridad del anuncio de Jesucristo y su Evangelio sobre la sacramentalización.
"Los Hermanos se plegaron a esta Misión. En La Laguna organizaron un plan de evangelización en todos los fundos cercanos que pusieron en marcha nada más comenzar la Misión en su diócesis antes que en Valparaíso. El 2 de marzo, visitó la zona el Arzobispo de Santiago, Cardenal Don Raúl Silva Henríquez. Hubo una gran concentración en Santa Emilia de Los Rulos, punto céntrico de la comarca y se dio allí un simpático esquinazo al querido Cardenal".

Si la primera visita del Superior Provincial, Padre Nazario en 1960 trajo abundantes frutos de esperanza y compromiso con los más abandonados de la sociedad, en su segunda vuelta por Chile en 1963 quedó muy satisfecho de la obra viatoriana, pero convencido que el esfuerzo debe ser mucho mayor en bien de la Iglesia del país.
Esta vez impulsa una nueva fundación que todos esperan con gran ilusión, se trata de un colegio en la ciudad de Ovalle distante unos 370 kilómetros al norte de Viña del Mar.
El Colegio "El Divino Salvador", adosado a la Parroquia del mismo nombre fue construido por los Padres Franciscanos Belgas para atender las necesidades de los niños y jóvenes de pueblitos alejados de la ciudad que por razones económicas o de lejanía no pueden acceder a una formación cristiana.
El inmueble, además de cuatro salas consta de un amplio comedor, cocina y un dormitorio para treinta niños internos.
Pareció un lugar interesante de apostolado para la joven comunidad viatoriana por ser una zona fría en lo religioso y considerada con escasa moralidad, pero la demasiada lejanía que impedía tener reuniones frecuentes con las demás comunidades religiosas y la falta de profesores eran dificultades serias para una comunidad que comenzaba. Sin embargo la generosidad y reciedumbre de sus hombres le hacía pasar más allá de los obstáculos.
Se realizaron varias consultas a amigos cercanos de la parroquia y a autoridades de la ciudad de Ovalle para tener mayores antecedentes a la hora de concretar un contrato con los Padres Franciscanos belgas quienes se comprometieron a donar el inmueble y habilitar cuatro salas de clases.
Todo dispuesto, se iniciaron las clases el 4 de marzo de 1963 con los tres primeros Clérigos de San Viator: Hermanos César Elorrieta, Daniel Montalbán e Ignacio Arzamendi.
El internado para niños no pudo hacerse realidad quedando solamente la atención a alumnos externos y medio pupilos, es decir, los alumnos que viven lejos se pueden quedar a almorzar sin costo alguno y además tienen estudio dirigido por un religioso en horario extraescolar. La enseñanza es totalmente gratuita.
La llegada de los hermanos puso en guardia a los masones y laicos dueños absolutos hasta ahora de la educación de la niñez y juventud masculina, sin embargo, fueron acogidos con mucha alegría por la población, prueba de ello es que las autoridades civiles, el gobernador, el alcalde y otros se mostraron muy amables y obsequiosos; honraron con su presencia la mesa de la comunidad el día de su llegada y ofrecieron su colaboración y apoyo pues iniciaban así uno de los más grandes anhelos: un colegio católico de varones con un sello propio, donde acuden a matricularse lo mismo el hijo del médico, del ingeniero o del gerente que el hijo de la empleada o los que viven en poblaciones de clase media y pobre.
El impacto que produjo la nueva comunidad viatoriana en la ciudad fue tal que tuvieron que limitar mucho la matrícula para no quitar alumnos a otros centros educativos y suscitar rivalidades desde el primer momento. Al poco tiempo de entrar en funciones, el Ministerio de Educación satisfecho de la excelencia académica y la seriedad en la gestión administrativa, declaró al colegio "Cooperador de la labor Educacional del Estado", requisito indispensable para recibir la subvención estatal y otros beneficios.
El grano de trigo sembrado en tierra chilena comienza a dar buenos frutos. Ya son tres obras dirigidas por los Clérigos de San Viator y se anuncian las primeras vocaciones.
El Superior general, P. Miguel Sudres, sigue con mucha atención y cariño los pasos que se van dando y conoce las dificultades de toda obra que inician sus hermanos. Les escribe diciendo:
"La Laguna y Ovalle no son una fortuna, en el sentido en que le podrían juzgar los espíritus superficiales y terrenos. Ciertamente se encontrará allí a Jesús con su cruz, y a vosotros con él en la cruz, pero sé también que los que tienen el honor temible de llevar a buen puerto estas difíciles empresas, lo hacen con un espíritu apostólico sobrenatural. Sea cualquiera las apariencias, harán mucho por el reino de Dios".
La Fundación comenzaba a germinar robustamente, mas como toda obra buena que crece, también pasa por la prueba y el sufrimiento. Desde sus inicios la obra se fue fraguando en el dolor. Varios Hermanos abandonaron la Congregación. Algunos volvieron a España y otros permanecieron en Chile y se abrieron camino como laicos comprometidos. Las causas fueron varias, tal vez, lejos de su querida Patria sintieron la nostalgia de los suyos y unido al descuido de la vida comunitaria, la vida espiritual fue decayendo hasta enfriarse el espíritu misionero pues, probablemente, las expectativas eran otras o la selección para enviar religiosos a Chile no fue muy clara. Así nos describe esta situación el P. Saturnino San Martín, superior en aquellos años:
"Hubo desde el inicio de la Fundación un punto doloroso: el abandono de la vocación de varios religiosos venidos de España, unos ocho quedaron en Chile. Otros dejaron la Congregación después de varios años, en España; quizá sin tener nada que ver con Chile. ¿Cuáles fueron las causas? Sin duda que varias. Para algunos fue el criterio de selección que en un principio se usó para venir a Chile. No era suficiente el deseo personal de venir a Chile, a veces en busca de una liberación de índole diversa, pero con poco espíritu misionero. Otra causa pudo ser el recargo de trabajo del superior que no tenía tiempo para un diálogo. El no dar debida importancia a la vida fraterna, etc. "
"Momentos difíciles por las pérdidas de vocaciones, falta de adecuada adaptación de los cambios del Vaticano II y se tomó la decisión de reclutar vocaciones chilenas en 1965, año que por estas deserciones el Superior provincial envía un Visitador y se dio cuenta de la realidad que se vivía y la Delegación se fue consolidando"
Sin embargo, ante esta situación, los superiores en la Provincia, pusieron todos los medios a su alcance para discernir con objetividad el paso de Dios por la Fundación. No se desencantaron y continuaron enviando gente valiosa y emprendedora y se plantearon, al mismo tiempo que una profunda reflexión, la apertura de una obra tan esperada en la Capital chilena, Santiago o en sus cercanías.
El 1 de marzo de 1964 hubo fiesta en el convento de Escoriaza en España. El P. Cantagrel, Superior Provincial de Vourles, Francia, y delegado del Superior general para realizar la visita canónica, impone el crucifijo de misionero al Hermano Esteban Sáez de Heredia, nuevo misionero para Chile. El 17 de marzo ya estaba dejando lo mejor de sí en La Laguna. El 18 de noviembre salía de Barajas, Madrid, el joven P. José Luis Escurra, presencia exigida para la consolidación del proyecto de fundación en Santiago. Esta fundación puede ser un punto de apoyo muy interesante para la resolución de los trámites que las otras obras necesitan solucionar en la Capital, así como la recepción y acogida para los nuevos misioneros.
El Visitador, Padre Adrián Ormazábal después de seis meses se despedía de la Comunidad chilena y dejaba una carta a sus Hermanos muy satisfecho de lo que había observado, reflexionado y vivido:
"Me apresuro a confesarles que vuelvo muy contento, muy consolado y altamente optimista. Tengo motivos para afirmarlo. Durante seis meses largos he podido calar en lo más hondo en la valía de todos Uds., en el magnífico espíritu que les anima, en la hermosa viña que la Iglesia nos ofrece en Hispanoamérica. ¡Mucho ánimo! "Que en la misión de Chile empieza a amanecer"".
La Divina Providencia tenía sus planes. El 15 de febrero de 1965 se cierra definitivamente la obra de La Laguna. Fue aconsejada por la necesidad de reagrupar y fortalecer las demás comunidades y obras. La situación económica creada por las nuevas orientaciones políticas que se estaban desarrollando en el país interferían en el normal funcionamiento escolar. La devaluación del dólar impidió continuar dando la alimentación tan indispensable para el sostenimiento de la obra. Además se consideraba más urgente la atención de otros centros más necesitados de personal religioso.
Desde marzo de 1964 y a petición expresa del Directorio de la "Sociedad Protectora de la Infancia" la Congregación es invitada a dirigir el complejo educacional que patrocinaba en Puente Alto, ciudad a unos 25 kilómetros al sur de Santiago: escuelas profesionales que habían dirigido los Hermanos de La Salle durante 25 años.
El campo se ve extenso y prometedor para que los religiosos pudiesen realizar su carisma en una obra educacional de gran envergadura y de promoción integral, pues se toma al niño a través de los años en el Establecimiento y se le inserta en la sociedad en condiciones de desempeñarse como buen cristiano y ciudadano y al mismo tiempo con unas habilidades para ganarse la vida en forma digna.
Esta obra consta de un internado para 150 alumnos, amplios dormitorios, comedores, cocina, capilla, espacios para el deporte y la diversión. Capacidad para unos 400 alumnos donde pueden recibir enseñanza básica y conocimientos en talleres de mueblería, zapatería, sastrería, mecánica y electricidad. Es totalmente gratuito.
Una de las ventajas que ofrece la Institución y uno de los motivos para aceptar un compromiso con ella es la de poner a disposición de la Congregación un extenso terreno para cultivar, locales y patios independientes para casa de formación.
Se logra un acuerdo con el Directorio de la Sociedad Protectora de la Infancia y el Hermano Saturnino San Martín toma la dirección de la obra, llamada posteriormente Escuela Industrial "Las Nieves". Al año siguiente se nombra para esa nueva fundación a los Hermanos Jesús Gorostiza, Miguel Uzábal, Antolín Llarena y el Padre José Luis Escurra.
Cuando se asume la obra de Puente Alto, la comunidad religiosa logra un gran sueño que desde los inicios estaba en la mente de los superiores: abrir una casa de formación. Así consta en el acta de la reunión de Catequistas Mayores de Chile, efectuada en La Laguna, con la presencia del Superior Provincial, el P. Nazario Izar de la Fuente:
"3° Vocaciones. Mientras no dispongamos de centro propio de Humanidades donde reunir como internos a los aspirantes a Clérigos de San Viator:
a) Hacer que formen parte de agrupaciones colegiales y parroquiales activas: catequesis.
b) Juntarles al menos una vez por semana o reunirlos para una charla vocacional viatoriana y alguna oración pidiéndola.
c) Reunirles una o varias semanas durante las vacaciones de verano y algunos días en las demás vacaciones, en La Laguna, haciéndoles pagar algo.
d) El P. Quintanal se encargará de esa misión vocacional.
El amor a la Congregación de estos intrépidos apóstoles, contando con escasos medios, comenzaban así con un plan vocacional concreto y responsabilizando de manera especial a un religioso. Entre las consignas que dejó antes de emprender vuelo de retorno a España, el P. Nazario insiste:

"Todos tengan en su mente y corazón el discernir y cultivar vocaciones eclesiásticas y de c.s.v.
Hasta nueva orden enuncien el segundo misterio del Rosario de comunidad:"Por la santificación de los Clérigos de San Viator en Chile y vocaciones misioneras.""
El ejemplo de la caridad vivida entre los Hermanos va abriendo paso a una pastoral vocacional natural. Además, el P. José Luis Escurra realiza una labor de reclutamiento en los colegios de Viña del Mar, Ovalle y La Laguna. Pasa por diferentes cursos y visita las familias de aquellos que tienen interés por realizar un trabajo de discernimiento entre los Clérigos de san Viator. Son los primeros intentos de una pastoral vocacional organizada y sistemática que en el futuro traerá esperanzas de relevo con religiosos del país.
La primera casa de formación de Puente Alto acoge el primer año a cinco jóvenes que desean comenzar su experiencia vocacional entre los Clérigos de san Viator y con el nombramiento del Hermano José Luis Iturriaga, como Director, recientemente llegado de España, se oficializa el inicio del Juniorado (Seminario Menor) en Chile. En los años sucesivos otros se van integrando hasta lograr un grupito de unos 14 jóvenes como promedio.
Los juniores o seminaristas menores comparten con la comunidad religiosa de Puente Alto y sus estudios los realizan en el Instituto "La Salle" de la Florida donde asisten otros jóvenes de diferentes congregaciones que tienen sus casas de formación en los alrededores de Puente Alto.
El P. Feliciano Nebreda recientemente llegado de España ayuda en la tarea formadora de estos jóvenes como capellán. Al mismo tiempo presta servicios de pastoral entre los alumnos del colegio.
La Obra de Las Nieves se va transformando, en alguna medida, en el centro de la misión viatoriana chilena. Será la casa de acogida para muchas reuniones, asambleas y retiros de los hermanos, residencia de los superiores y casa de formación.
El Señor bendice los esfuerzos de estos hombres comprometidos con la causa de Luis Querbes dándole solidez e identidad a la Misión de la Inmaculada. La Provincia de España ve en tierras latinoamericanas los frutos del trabajo silencioso y abnegado de sus hermanos.

jueves, 3 de junio de 2010

Al alba de una aventura

Los primeros Clérigos de San Viator llegan a Chile el 16 de noviembre de 1957. Fueron acogidos en Viña del Mar por Don Félix Ruiz de Escudero, Párroco de San Antonio y antiguo alumno del Colegio "San José" de Vitoria, España. Luego de pasar unos días en la residencia presbiteral, los Hermanos se establecieron para formar la primera comunidad en calle 11 Norte de la Población Vergara.
La primera expedición misionera estaba formada por los Hermanos Saturnino San Martín Vadillo y César Elorrieta Foronda. Ambos venían directamente de España.
La Congregación fundada en Lyón (Francia) en 1831, por el sacerdote Luis Querbes se desarrolló rápidamente y perseguida por la revolución laicista de 1903 se vio obligada a cerrar sus colegios y el seminario y los religiosos tuvieron que dispersarse por varios países. En España se insertan especialmente en el País Vasco donde las vocaciones florecieron con mucha vitalidad. Cuando se organizó la primera expedición a Chile ya había sido erigida la Provincia española y desde hacía varios años existía el anhelo misionero. El ejemplo de Canadá, Estados Unidos y Francia empujaba a ello. Además, en el año Santo de 1950, el Papa Pío XII realizaba un ferviente llamado a todas las Congregaciones e Institutos religiosos, para que colaboraran en una "puesta al día" en la pastoral eclesial. Frente a una Europa que ha resurgido de las ruinas de la guerra, se constata un materialismo y un ateísmo generalizado. Ante esto, el Santo Padre piensa que todos los religiosos y religiosas deben emprender una gran misión: “incentivar la pastoral en su dimensión misionera para favorecer la evangelización entre los más postergados”. El lugar privilegiado debería estar especialmente ubicado en las zonas periféricas de las grandes ciudades.
Pero, ¿cómo surgió el proyecto viatoriano chileno? Nos cuenta el Hermano Graciano San Martín que siendo profesor del Colegio San José de Vitoria (Álava), España, y encargado de hacer las listas de los antiguos alumnos cuya asociación comenzaba a formarse, se enteró por el periódico local "El Heraldo Alavés" de la llegada a la ciudad, a pasar sus vacaciones, de un sacerdote vitoriano que había hecho una gran obra social en Chile y que había sido antiguo alumno del colegio viatoriano llamado "San José" de Vitoria. Nadie le dio importancia al asunto, pero enseguida se puso a averiguar dónde podría entrevistarse con dicho sacerdote. Un capellán que frecuentaba el colegio dijo conocerle ya que guiaba el coche más lujoso de la ciudad. Un día al volver de la misa mayor de la Parroquia "San Vicente" de Vitoria, vio estacionado el vehículo y un sacerdote en su interior que resultó ser Don Félix Ruiz de Escudero. Había sido alumno del colegio "San José" en sus primeros años ya que a los doce años ingresó al seminario diocesano y guardaba el mejor de los recuerdos de sus profesores. Un año atrás había visitado el colegio de Vitoria Mons. Ramón Munita Eyzaguirre, obispo de Puerto Montt, buscando religiosos para sus escuelas, pero no se llegó a nada concreto. El Superior Provincial, P. Celso López de Munaín de inmediato solicitó una entrevista con Don Félix que más tarde cuajó en la Fundación Viatoriana de Chile. Inmediatamente se informó a la Dirección General.
El día 8 de diciembre de 1956, la Dirección general decidió enviar al Vicario general, Rvdo. P. Miguel Sudres, a informarse del estado de las misiones de América Latina, especialmente en aquellos lugares que solicitaban la presencia viatoriana. El 16 de enero de 1957, salía de Canadá con destino a México, Guatemala, Venezuela, Perú y Chile.
El P. Miguel Sudres se entrevistó con varios obispos, de un modo especial con Monseñor Manuel Larraín, obispo de Talca y allí palpó la necesidad que todos tenían de colegios católicos. También se entrevistó con Don. Félix Ruiz de Escudero y pudo conocer la parroquia y el colegio ofrecido a las familias de obreros de Viña del Mar.
Al final de su visita presentó un informe general al Capítulo Provincial de España, y éste aprobó la obra de Viña del Mar que consideraba en las mejores condiciones para iniciar la primera fundación viatoriana en Sudamérica.
Posteriormente el Capítulo General de 1957, dio la aprobación definitiva y el mismo P. General, el P. Lucien Pagé, nombró como superior de la nueva fundación al Hermano Saturnino San Martín Vadillo el 16 de julio de 1957, fiesta de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile.
Muy impresionado quedó el Hermano Saturnino por tal nombramiento. Según nos cuenta él mismo, lo pensó y lo consultó con su Padre Espiritual, el P. Nazario Izar de la Fuente. También muy sorprendido quedó el Hermano César Elorrieta al saber que le solicitaban ser parte de los primeros Clérigos de San Viator que surcarían los mares lejos de su patria para una nueva inserción. Iniciaron los trámites para emprender el viaje hacia un mundo totalmente desconocido. Entre los recuerdos que guarda el Hermano Saturnino, especialmente de los últimos días cuando pensaban que nunca más volverían a su querida España es el cariñoso gesto que hizo el P. Miguel Sudres, recientemente elegido Superior general, de invitarle al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia para celebrar una Eucaristía en la misma gruta y consagrar la Fundación a María. El mismo Padre Miguel Sudres le puso el nombre de "Fundación de la Inmaculada"
Eran mínimos los conocimientos que los dos viatores tenían de Chile. En la Historia y Geografía Universal sólo aparecían algunas fechas destacadas y la riqueza del país se centraba especialmente en el salitre. En la Enciclopedia Espasa se destacaba que Valparaíso y Viña del Mar gozaban de un clima muy bueno: "La ciudad sin invierno".
Los Hermanos pasaron despidiéndose por varias comunidades viatorianas y el 20 de octubre, día misional, día del Domund (Domingo Mundial de las Misiones), y víspera de la Fiesta de San Viator, fue el señalado para el adiós en el colegio "San José" de Vitoria. La Dirección del establecimiento y la Asociación de Antiguos Alumnos prepararon el homenaje. Comenzó con una emotiva Eucaristía en la capilla colegial presidida por el Superior provincial. El 25 de Octubre de 1957 se embarcaron en Barcelona rumbo a Buenos Aires. Tras unos días de espera en esta ciudad, el tren los condujo hasta Viña del Mar.
El objetivo que tenían los Clérigos de San Viator al venir a Chile era la evangelización. Los anhelos de evangelizar desde la educación a los pobres, humildes y sencillos se podría realizar en Viña del Mar. El P. Miguel Sudres, advirtió a los fundadores que no aceptasen colegios pagados. Se venía a Chile para atender preferentemente a los niños y jóvenes de escasos recursos, pues los ricos tenían más facilidades para educarse.
El P. Sudres les escribía en estos términos:
"Este Pobre, de apariencias diversas y rara vez atrayentes es, pues, el que vive en mí y en mi prójimo, el que yo debo amar en mí, y en mi prójimo como a mí mismo. ¿Y quién es mi prójimo? Nuestro Señor nos dió la respuesta en la parábola del Buen Samaritano: mi prójimo, es el desgraciado que la Providencia ha puesto en mi camino.”
“Para cada uno de vosotros, el prójimo son vuestros alumnos y vuestros hermanos. Sólo ocasionalmente puede encontrarse en otra parte. Todas las imaginaciones que os aparten de este prójimo inmediato que la obediencia os confía, son sueños peligrosos y orgullosos. Siendo siempre el mismo Cristo el que vive y sufre en toda miseria, cuando socorréis a aquellos que la Providencia pone en vuestro camino, socorréis a Jesús en todos los que sufren. Sería una equivocación el soñar con un apostolado de formas distintas de las que nos ha señalado la obediencia.”
“Seamos realistas: aún antes de consolar a Jesús en los pobres, veamos si no le entristecemos en ellos. "
Los Clérigos de San Viator no habrían podido comenzar esta labor sin el apoyo de "Don Félix", como se le decía cariñosamente. Este gran servidor y luchador por el progreso y el bien del barrio de la "Población Vergara" de Viña del Mar nació en Vitoria, España, el 14 de enero de 1904. Cursó sus primeras letras en el colegio "San José" de Vitoria, y posteriormente ingresó al Seminario Diocesano. Concluidos sus estudios eclesiásticos a los 20 años, permanece como formador en el mismo Seminario hasta los 22 años en que recibe la ordenación sacerdotal. Invitado por el obispo de Valparaíso para ser profesor de la Universidad Católica de Valparaíso llega en 1930, en la fiesta del Sagrado Corazón. Se radica en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores donde junto al P. Martín Cárcamo se vuelca a la atención pastoral de la Población Vergara integrada en su gran mayoría por emigrantes de las salitreras del norte del país en plena crisis.
Con el modesto aporte de los pobladores y la generosa colaboración de Doña María Teresa Brown de Ariztía va perfilando el complejo de obras parroquiales: templo de San Antonio, casa presbiteral, Hogar de ciegos, residencia de religiosos, Colegio Parroquial. Organizó la Acción Católica, fundó el Centro Sagrado Corazón para mujeres, el Centro Hijas de María para jóvenes, el Grupo de Cruzados para niños, fundó el Centro Deportivo "San Antonio".
Sentía un gran amor por Chile. Así queda plasmado en una entrevista que le hizo un periodista de "Las Últimas Noticias" el 28 de octubre de 1981:
"Considero que si es interesante el panorama físico que ofrece Chile en su larga y estrecha lengua de tierra, que por un lado baña el mar Pacífico, lo es tanto su gente y hace honor o resguarda este rincón precioso que Dios quiso adornar con personas difíciles de hallar en otros puntos de la Tierra".
Más adelante añade el mismo periódico " Ayudar a los demás, difundir la verdad es un deber de cada cristiano, allanar dificultades y triunfar, no sólo han sido las batallas, los triunfos y las derrotas de este pastor, pero nos ha costado años, se puede decir que todos los años que Chile me ha concedido; ante todo tengo que declarar que el trabajo en vez de cansarme me ha estimulado por la generosidad de tantos que se han dignado ayudarme".
Y desfilan por su recuerdo: "La benefactora más insigne, la distinguida, Doña María Teresa Brown de Ariztía, que después de consagrar su vida a hacer el bien a los pobres, al morir quiso enviar un beso de amor a la niñez desvalida como a la ancianidad abandonada a quienes dejó todos sus bienes, confiándoselos a la Parroquia de San Antonio y nombrando como albacea a su párroco". El ejemplo de tan distinguida benefactora - añade Monseñor Ruiz de Escudero – “lo han imitado tanto ricos como pobres para traducir sueños e ilusiones en escuelas, colegios, liceos y obras sociales”.
Junto a la perenne obra de la señora de Ariztía, Monseñor Ruiz de Escudero recuerda a la señora Ewertz que le ayudó a crear las "Ollas del Pobre", para los cientos de trabajadores y sus grupos familiares que cayeron como aluvión sobre la crisis de 1930 a 1931, en lo que era entonces arenales en el ex barrio chino donde no podía entrar la policía y proliferaban, en tanto, los burdeles, y tugurios clandestinos".
Y termina el comentario del periódico: "Con gran paciencia, pudimos alimentar, vestir y dar techo a estos pobres y sus niños, y no sólo creamos un albergue sino que después, una escuela, que con el tiempo se convertiría en capilla..."
Llevaba 27 años trabajando en Viña del Mar cuando llegaron los primeros viatores para comenzar tan hermoso proyecto. "Quiero, dijo repetidas veces en sus cartas, que ese mi colegio de Viña del Mar, sea como una prolongación viatoriana por excelencia, de mi antiguo colegio de "San José" del que guardo el mejor recuerdo. Nadie mejor que los que a él educaron podrían encargarse de los niños y jóvenes de su parroquia. Quería un colegio netamente parroquial y especialmente para la clase pobre"
Esta es la carta que envió Don Félix al Superior Provincial de España con motivo de la aceptación de la obra viñamarina:
"Mi buen amigo y recordado Padre:
Dios ha querido lo que Ud. y yo tanto anhelábamos: los Clérigos de San Viator en Viña, en la Parroquia de San Antonio, que quiere ser un pedazo de Vitoria y ahora lo va a ser más. Estoy felicísimo. Dios bendiga a Ud. y a la Dirección General de su Instituto, que nos envió el buen P. Miguel Sudres, que es un santo con mucha "cachativa" y perspicacia.
Remito a Ud. el contrato firmado y estoy seguro que nunca nos arrepentiremos de este paso. Estoy a sus órdenes en todo y las espero. Mi mayor gusto es ver a Ud. y enseñarle mi colegio, que es el de los Clérigos de San Viator.
Un día sabrá Ud. algo que ha podido retardar y aún enfriar el entusiasmo que Uds. sintieron de llegar a estos lugares viñamarinos. Aquel algo ha desaparecido y tenemos el Visto Bueno Prelaticio.
Con el mejor recuerdo del amigo agradece al Provincial su atención y bondad para este Cura Vitoriano, Párroco en San Antonio de Viña del Mar. Un abrazo, Félix Ruiz de Escudero".
Realizó muchas obras sociales y también recibió merecidas condecoraciones y distinciones: Prelado Doméstico de Su Santidad Paulo VI, Hijo Predilecto de la Ciudad de Vitoria, Benefactor Insigne de la Ciudad de Viña del Mar, Encomienda de Isabel la Católica, Bienhechor Insigne de la Congregación de Clérigos de San Viator, cuatro condecoraciones de la Universidad Católica de Valparaíso, Medalla de Oro "Gabriela Mistral" de parte del Gobierno chileno.
No pudo concretar una obra en la que tenía puesta toda su ilusión: "La Ciudad del Niño", un gran complejo por el que tanto luchó para acoger a niños abandonados. Los edificios los ocupa actualmente la Universidad Católica de Valparaíso ubicados en los alrededores de la Laguna Sausalito de Viña del Mar.
Don Félix murió santamente. Su sobrino, sacerdote diocesano, Don Jesús Martínez, que trabajó con él algunos años en Chile, fue testigo fiel de sus obras y le acompañó en sus últimos momentos. Su deceso ocurrió el 14 de Noviembre de 1987 en la ciudad de Vitoria, España. En sus funerales estaban presentes autoridades locales, y entre los numerosos Clérigos de san Viator se encontraba el primer sacerdote viatoriano salido de su querida parroquia, el P. Gerardo Soto.
Los dos viatores que habían llegado por primera vez a fundar en Viña del Mar asumieron el colegio parroquial. El Hermano Saturnino San Martín se responsabilizó de la Dirección y el Hermano César Elorrieta de la subdirección. Las peripecias que pasaron merecen un capítulo aparte. Solos y en un país totalmente desconocido tuvieron a veces que enjugar sus lágrimas. Tantas palabras distintas, tantas costumbres extrañas y tanta lejanía de la Patria, Congregación y familiares, produjeron en los primeros misioneros momentos duros y difíciles. Gracias a Dios supieron echar mano de la fe y encomendarse a la Virgen en su mes, el mes de noviembre. Así nos deja en sus apuntes personales las primeras impresiones nuestro primer Director:
"Al llegar a Viña del Mar, me parecía realmente estar en otro mundo. Distintos giros, distinta manera de hablar y acentuar las palabras, me coartaban las relaciones con el entorno. Llamaba poderosamente la atención la notable entremezcla de ricos y pobres; de paisajes encantadores con ruinosas 'callampas' y en medio de estos contrastes resaltaban la amable acogida de la gente que reconfortaba y en parte hacía olvidar la Patria y la Congregación tan lejanas. Más de alguna lágrima furtiva aparecía en momentos de silencio y soledad"
Poco a poco, fueron comprendiendo la idiosincrasia del pueblo. Pronto constataron la deficiencia de la vida familiar, el poco apoyo y dedicación a los hijos, no en todos, pero sí era una realidad.
Las relaciones con la jerarquía eclesiástica, el clero y las demás comunidades religiosas, desde un comienzo fueron excelentes. Todos vieron con muy buenos ojos la llegada de los Clérigos de San Viator a un colegio parroquial enclavado en un sector pobre de la "Ciudad Jardín". Extraña y dolorosa fue para ellos la presencia de los Evangélicos, algo totalmente desconocido, por entonces, en España que les asustaban con sus prédicas y cantos en la misma esquina donde se encontraba la residencia comunitaria.
La Congregación de los Clérigos de San Viator era un nuevo milagro del impulso del Espíritu Santo, que suscitaba misioneros que iban hasta los últimos rincones del mundo para anunciar a Jesucristo y su Evangelio entre los más pobres. El camino lo había iniciado el P. Luis Querbes, en un pequeño pueblo de Francia, Vourles. Este carisma había ido creciendo y algo que parecía temerario y humanamente imposible comenzaba a florecer en un pequeño colegio parroquial de la Población Vergara de Viña del Mar.
La llegada de los primeros viatores debe ser integrada a la historia del Apostolado de la Educación católica en Chile. Nada más llegar, aprovechando los meses de verano, los misioneros se pusieron al tanto de las costumbres, programas, legislación escolar, etc. También siguieron cursos de Pedagogía Aplicada en la Escuela Normal Abelardo Núñez, con sede en Viña del Mar, para así planificar mejor el año académico y convalidar los títulos que más adelante les valdrían para desempeñarse como educadores. Al mismo tiempo prestaron servicios en la Parroquia animando y acompañando a los fieles en las Eucaristías, presidiendo el rosario, dirigiendo el coro... hasta tal punto que, admirado y entusiasmado el párroco, los presentó a los feligreses tributándoles los mayores elogios.
Durante la década del cincuenta se da el desarrollo de nuevos centros de educación particular, favorecidos por la creación de la subvención estatal de 1951. Esto permite que una gran cantidad de colegios confesionales se acojan a este beneficio.
El espíritu que animó desde el principio las obras viatorianas fue atender a los niños y jóvenes de escasos recursos. La escuela recién fundada, al ser subvencionada por el Estado, es totalmente gratuita, pudiéndose matricular cualquier joven que alcance los requisitos correspondientes.
Un educador, testigo de la obra Viatoriana en Viña del Mar, Don Fernando Aliaga, impactado por el desarrollo del carisma fundacional expresa:
“Desde la perspectiva del Carisma fundacional del P. Luis Querbes, los religiosos de San Viator impactan en la iglesia chilena como misioneros que realizan su misión en los sectores urbanos populares, a través de la educación de los ´´hijos del pueblo´´. La gran oferta que los define, entonces, es que evangelizan a los pobres educándolos.”
“Las características específicas que definen el Proyecto Educativo Viatoriano, tal como es percibido a la llegada de los Clérigos de San Viator a Chile, son:
1. Apostolado de la Educación, integrada en la pastoral diocesana y parroquial. El objetivo es suscitar en el educando una vocación de responsabilidad cristiana en la construcción del Reino.
2. Constituir al Colegio como una instancia fecunda de la pastoral juvenil parroquial y como centro de iniciativas juveniles. (Deporte, banda, Coro y expresiones culturales), en que se cultiva la mutua relación de convivencia.
3. El Proyecto Educativo Viatoriano define como perfil del joven educando el despertar en él la vocación de ser animador de experiencias e iniciativas en el mundo juvenil popular.
4. El educador Viatoriano enfatiza la pedagogía del acompañamiento, esto es, promover un proceso de crecimiento personal del joven en la vivencia de la solidaridad y del compromiso social.”
Premunidos de varios diplomas que acreditaban su formación pedagógica, iniciaron la organización escolar: matrícula, programas, contratación de profesores, materiales pedagógicos, etc. Fue notable el afán de las familias de matricular a sus hijos llegando a alcanzar en los cursos de segundo, tercero, cuarto y quinto básico a más de sesenta y cinco alumnos por aula. Más de cien niños no pudieron ingresar por falta de espacio.
Mientras tanto, el 26 de enero de 1958 salían rumbo a Sudamérica, en la motonave Cabo San Roque desde Barcelona, para llegar a Buenos Aires el día 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, y continuar viaje por ferrocarril, los Hermanos Ángel López Valluerca, alavés de 30 años, Juan José Fernández de Arrillaga, vizcaíno de 31 años y Javier López Angulo, burgalés de 23 años. Sin detenerse, atravesaron la Cordillera de Los Andes y llegaron a Viña del Mar. Era la segunda expedición de misioneros. Es fácil imaginarse con qué alegría y cariño fueron recibidos. El Hermano Superior salió a su encuentro hasta la estación de Los Andes donde se encontraba la aduana chilena. La emoción sincera y verdaderamente fraternal que sintieron en esos momentos es indescriptible, sólo puede ser calibrada por aquéllos que la vivieron. En la estación de trenes de Viña del Mar los esperaban con no menos emoción Don Félix Ruiz de Escudero, su sobrino Don Jesús Martínez y el Hermano César Elorrieta.
En estos años el Estado es el principal organizador de la educación chilena, pasando de un protagonismo regulador al de fiscalizador, sostenedor y ejecutor de las tareas educativas. La centralidad estaba puesta en la obligatoriedad de la enseñanza primaria. Esta campaña fue impulsada con el fin de alfabetizar a la mayoría de la población y fue en gran medida efectiva. En cinco años hubo un aumento de 177.523 alumnos. En 1960 había un veinte por ciento de iletrados en el país.
Este período estuvo muy marcado por un gran auge de la escolarización de la niñez y también de la formación de profesores. "En 1950 egresaron de las escuelas normales 1285 nuevos maestros que vendrán a incrementar la dotación de profesores para los diversos centros de primera enseñanza."
Hasta 1959 el alumnado total alcanzaba a 1.029.274 alumnos, de los cuales 722.232 pertenecían a colegios del Estado y 307.042 a colegios particulares.
En cuanto a los colegios particulares, el mensaje presidencial, señala que "existen 453 establecimientos que controla y supervigila la Dirección General de Educación Secundaria y cuya matrícula alcanza a más de 85.000 alumnos". Sin embargo, esta aparente expansión, no afecta por igual a todos los estratos de la población, siendo mayoritaria la matrícula en los sectores socio-económicos altos. Por otra parte, si bien existen mayores posibilidades de acceder a la educación, se mantenían las dificultades para permanecer y ascender a ella. Sólo el siete por ciento de los que ingresaron a primero básico terminaron los doce años de estudio.
El equipo de los cinco viatores estaba preparado y dispuesto. Cuando optaron por esta solidaria misión, o cuando consintieron en marchar a tierras lejanas, su alma vibró al unísono con la voz de Dios. El rico temperamento español no acostumbra a calcular las dificultades ni frenar el entusiasmo.
Un artículo aparecido en el periódico de la época, La Unión de Valparaíso, el día 2 de marzo de 1958 anunciaba lo siguiente:
"Desde mañana hasta el diez estará abierta la matrícula en el colegio parroquial "San Antonio" situado en la esquina Once Norte con Cinco Oriente. Este año, el plantel que ha llenado una sentida necesidad de la comuna, está a cargo de la Congregación de los Clérigos de San Viator legalmente reconocida por el Gobierno y que por primera vez se instala en un país sudamericano, a pesar de contar con numerosos establecimientos educacionales en diversas naciones del mundo, especialmente en Norteamérica y Canadá". Y más adelante agregaba: "El Colegio Parroquial "San Antonio" posee amplias salas orientadas al sol, un espacioso salón de actos y el moderno material pedagógico de que dispone, forman un conjunto que ha merecido, muy acertadamente, el calificativo de "Palacio de la Enseñanza". Es enteramente gratuito. El Director es don Saturnino San Martín, don César Elorrieta Foronda, don Ángel López Valluerca, don Juan José Arrillaga y don Javier López Angulo..."
Las clases comenzaron oficialmente el 10 de marzo de 1958. Así nos relata este acontecimiento su Director:
"Todavía recuerdo la emoción que sentí el primer día de clases. Eran 305 alumnos, todos nuevos para nosotros, todas caras sonrientes y llenos de vida. Sí nos impactó que entre las filas había cuatro alumnos descalzos ("a pata pelá" como se dice en Chile). Habíamos elegido bien; los pobres eran los preferidos. Los sueños viatorianos y de Don Félix se convirtieron en realidad"
El 13 de junio día de San Antonio, Patrono de la Parroquia, se invitó al Sr. Obispo de la diócesis, Mons. Don Rafael Lira Infante para que bendijera el Establecimiento y la capilla doméstica de la residencia de los religiosos. No regateaba en los elogios. Había percibido los ecos de los sonoros triunfos de esta joven Comunidad.
En la fiesta de la Inmaculada, 110 alumnos recibieron su Primera Comunión. Se sumó a esta alegría la esperada noticia del nombramiento de la tercera expedición misionera: el P. Roque Mendizábal, con sus cuarenta y cinco años sería el primer sacerdote que se sumaría a la Misión y el Hermano José María Zorrilla La Fuente que con sus veinticinco años viene a dar lo mejor de su vida para hacer de ésta su nueva tierra. El 15 de febrero de 1959, la comunidad completa salió llena de alegría a recibirles al aeropuerto de Los Cerrillos de Santiago. La Fundación ya contaba con siete religiosos y se daba un paso más en la estructuración de ella al contar entre sus miembros con un sacerdote, pues, desde el primer momento se consideró muy necesaria la presencia de un capellán en el colegio. Al año siguiente se les agregarían el Hermano Valentín Izar de la Fuente, trabajador infatigable por las vocaciones viatorianas, y el Hermano Ignacio Arzamendi, "el vasco" como le llamaban cariñosamente.
Los meses de septiembre y octubre de 1959 son totalmente querbesianos. Las fiestas de centenario de la muerte del P. Luis culminan con un solemne triduo alrededor de la fiesta de San Viator, día del colegio. Discursos, escenificaciones, posters alusivos, actos académicos, emisiones radiofónicas en la emisora “Presidente Prieto” de Valparaíso, etc. Todo ello impregnado de sencillez y de espíritu de familia y sobre todo de una gran admiración por el Fundador de la Congregación. Se repartieron abundantes estampas-recuerdos del Centenario y eran muchos los que se encomendaban a la protección del P. Luis Querbes.
Se clausuró el año escolar el 20 de diciembre. La comisión examinadora enviada por la Dirección de Educación del Estado quedó sumamente complacida de los resultados académicos de los niños y dejó constancia escrita en las actas de la Inspección escolar.
El impacto que fue suscitando la calidad de enseñanza viatoriana trae como consecuencia la excelente reputación en el Ministerio de Educación y al año siguiente nuevamente lo manifiestan los inspectores dejando constancia escrita en las actas de supervisión escolar, convirtiéndole a ellos mismos en incansables propagandistas del trabajo y eficacia de los Hermanos. Se le concede al colegio el título de Cooperador del Estado y recibió las felicitaciones del Presidente de la República Don Jorge Alessandri.
Para finalizar las actividades, el Hermano César Elorrieta con la capacidad creativa que le caracterizaba realizó una brillante presentación artística con alumnado en traje de gala, desfile y revista de gimnasia. La banda de música instrumental del Regimiento de Coraceros amenizó y solemnizó el acto. Estaban presentes las más altas autoridades: el Gobernador Provincial, el Alcalde, numerosos padres y apoderados y varios amigos. Finalizó un curso escolar que por ser el primero en tierras chilenas había sido muy agotador. Después de unos días de completo descanso, los cinco Hermanos se unieron a un grupo de sesenta Maristas para realizar los Ejercicios Espirituales anuales en la casa Loyola de la localidad de Padre Hurtado.
Fue el inicio de una gran obra que como en otras partes del mundo, han tenido los Clérigos de San Viator. El carisma del Padre Luis Querbes ha llegado hasta rincones insospechados del mundo. Esta comunidad de hombres valientes y generosos responde a las necesidades más urgentes de la Iglesia y la Sociedad, especialmente entre los más pobres y abandonados.
El P. Sudres, Superior general, el 8 de diciembre de 1959 impulsaba a los Hermanos de la Provincia de España "Nosotros debemos tender a insertarnos en la vida parroquial. Demos a nuestros alumnos, el culto de la Parroquia" y agrega más adelante, "Monseñor Larraín, Obispo de Talca, en Chile, entusiasmado por estas perspectivas de colaboración en la pastoral parroquial, insiste en tener viatores, con el fin de que sus métodos fuesen ejemplo para las otras congregaciones de su diócesis" .
Los religiosos que habían llegado a Viña del Mar y que sorprendieron a sus habitantes, eran exponentes de esta Comunidad que además de las grandes responsabilidades y éxitos académicos se comprometían activamente animando las celebraciones litúrgicas, formando monaguillos, el coro de niños, la música, la Catequesis de Primera Comunión, el Mes de María en distintos puntos de la Parroquia San Antonio. Se cierra así el primer capítulo de su historia en tierras chilenas.