viernes, 13 de noviembre de 2015

CAMINANDO CON LUIS QUERBES 8

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ACOGER A LOS PRIMEROS  CATEQUISTAS .

1. OBJETIVOS


            - Conocer el desarrollo de la Sociedad.
            - Valorar las virtudes del P. Querbes como "Padre" de la Sociedad.
            - Conocer otros desafíos del P. Querbes.
            - Conocer las estructuras iniciales de la Sociedad.
            - Conocer las razones por las que pide aprobación de la Santa Sede.

2.  TRABAJO PERSONAL

            2.1 ORACIÓN:

            Lee con atención el siguiente texto y luego de un silencio di la oración que se encuentra a continuación.
            " Trabajar sin descanso para formarse en las virtudes de religión y en las propias de su estado, debe ser la primera preocupación de los asociados. Si en la enseñanza de la verdad se logra éxito, éste dependerá solamente de una profunda convicción de que se da la mano con la práctica del bien; los trabajos y esfuerzos que hay que imponerse se hacen insoportables si no hay paz en el corazón, y la garantía única de esta paz es la conciencia pura."

                                                                P. Querbes. Estatutos 1829
           
OREMOS:

            ¡Oh, Señor Jesucristo!, - Acordándome del celo ardiente y desinteresado del P. Luis Querbes en la educación de la juventud y en el servicio del santo altar,- te suplico humildemente aceleres la hora de su glorificación en la tierra.- otorgándome los favores que te pido por su intercesión. Dígnate, Señor, multiplicar las vocaciones religiosas y sacerdotales -  y concédeme la gracia de vivir y morir en tu amor.

            Santísima Virgen María, Santos Ángeles Custodios, bienaventurado San Viator.- en memoria de la gloria que os procuró el P. Luis Querbes,- os suplico me alcancéis el favor que especialmente imploro de la Divina Bondad. Amén.


            2.2  Lee atentamente el siguiente documento.

Ten presente y subraya las frases textuales del P.Querbes.

            1833-1837. LAS PREOCUPACIONES ORDINARIAS

            A partir de aquel día de enero de 1829 en que se presentó la primera petición de autorización, el Padre Querbes debió trabajar mucho. Sin abandonar su función de párroco, redactó las versiones sucesivas de los estatutos, las puso en limpio y las defendió. Encontró tiempo para comprar una casa, componer el Directorio, publicar el A B C de las pequeñas escuelas y, para complacer al Padre Augustin, capellán de las religiosas trapenses de Vaise, cerca de Lyon, escribió y publicó la vida del restaurador de esta orden en Francia, Dom Agustín de Lestrange. También comenzó el ceremonial de la recepción de los Catequistas. El texto sería aprobado en 1834.

            “No debe haber un instante perdido o mal empleado en la jornada del catequista”, escribirá más tarde (1855). Pero su salud se resintió. En diciembre de 1832 se vio obligado a detenerse. Pedro Liauthaud, que le vio entonces, se sorprendió al verle desmejorado y aire de sufrimiento. Por su parte, el Sr. Cattet le escribía: “ahorre su salud, querido párroco, y no se exceda imprudentemente en el trabajo”. Unos días más tarde, le envía un sacerdote para “prestarle ayuda provisional y para que usted pueda ausentarse y descansar durante algunas semanas”. A todos estos problemas se añadió el duelo por sus padres: su padre falleció el 26 de diciembre de 1829, y después su madre, el 24 de febrero de 1831.

            Pero la vida continúa y la Sociedad, con su regla nuevamente aprobada, exige toda su atención. Se dio a conocer al clero por medio de varias circulares. Se le pedían Catequistas y se presentaban candidatos. Desde 1831 hasta fines de 1837, pasan por Vourles unas 80 personas: Catequistas, novicios, postulantes, “gente que viene a observar”. Adultos o jóvenes, a veces muy jóvenes. Todos no se comprometieron ni todos los que lo hicieron perseveraron en la Sociedad. Pero esto testifica que Vourles, y lo que hacían allí, ejercía una poderosa atención. Entre estas dos fechas los Catequistas fueron enviados a 18 parroquias, principalmente de la diócesis de Lyon.

            Quedaba siempre pendiente el problema económico. A finales del año 1831, de acuerdo con el Sr. Cholleton, el cura de Vourles puso en funcionamiento “la obra de caridad San Viator” para recoger fondos.

            Los fondos eran más necesarios que nunca, pues el proyecto de adquirir una
nueva casa para la formación de los postulantes iba tomando cuerpo. Por mediación del Sr. Cholleton, el Padre Querbes pudo comprar en 1835 un edificio en las montañas de Forez, el castillo del Poyet, a unos quince kilómetros de Montbrison (Loira). El Poyet llevaba el título de castillo, pero no era precisamente Versailles. El Padre Querbes acompañó allí, personalmente, al primer contingente de moradores, en febrero de 1836. Era necesario trabajar mucho para hacer habitables sus locales. Se quedó allí, luego volvió a Vourles para las fiestas de Pascua. El Señor Favre fue a reemplazarle.

            Poco a poco se iba organizando la Sociedad. La mayor parte de los Catequistas eran enviados solos a las pequeñas parroquias, pero no siempre era fácil la vida cuando habitaban en la casa del párroco.

            Todos se reunían en Vourles del 21 de septiembre al 21 de octubre, para participar allí en el retiro anual y en un curso de formación, que para algunos era necesario.

            Vicente Pater en el elogio fúnebre que hará de su amigo Luis Querbes, recordará estos años difíciles: en su esquema, hablando de los comienzos de la Sociedad, anota : “ su débil comienzo, sus dificultades, asociados escandalosos, oposición de los que debían apoyarle, ningún recurso financiero”. El Padre Querbes lo reconoce: “nos vimos obligados, más de una vez, a mandar a casa sujetos recibidos apresuradamente y a retirar algunos de ciertos puestos” (10 de febrero de 1839).

            Por fortuna también tenían a Pedro Liauthaud, Juan Jaime Mermet, Claudio Robin, Juan Pedro Blein, Antonio Thibaudier, Luis Fraigne y otros cuya conducta era intachable y en los que la abnegación por la Sociedad y la causa que habían adoptado no tenía límites. Pero éstos metían poco ruido, mientras que a los otros se les oía demasiado.

1836. LA CRISIS

            Se les oía incluso hasta en el arzobispado, pues por medio de una nota escueta del Sr. Cattet pidió cuentas de ello al Padre Querbes y le dijo que tenía que elegir para los Catequistas un hábito distinto al de la sotana, “otro hábito más propio para su estado, por su modestia, y que no comprometa nuestro santo hábito” (23 de noviembre de 1836). Según los estatutos aprobados, los Catequistas llevaban “la levita negra con el alzacuello blanco”. Los que habían recibido del Obispo “el permiso de realizar las funciones de clérigos parroquiales o sacristanes, (llevaban) el hábito eclesiástico con el pequeño alzacuello blanco en lugar de la golilla”. El hecho de que la autoridad episcopal se entrometiera en un punto anteriormente aprobado ¿no suponía el riesgo de verla inmiscuirse un día en algún asunto más fundamental que el hábito?

            El Padre Querbes respondió inmediatamente con una carta en que se evidencia la emoción contenida. Recuerda, en primer lugar, el hábito que los Catequistas tienen autorización de llevar y por qué : “Esta decisión está perfectamente de acuerdo con el espíritu de la Iglesia. Enseñar la doctrina cristiana y servir al santo altar son funciones totalmente eclesiásticas”. Luego, utilizando la expresión empleada por el Sr. Cattet, da unas indicaciones acerca de siete “individuos” que han abandonado la Sociedad o que van a abandonarla. Se permite una advertencia en buena lid: ¿habría que “despojar a todos los sacerdotes de su hábito porque el Sr. Giraud no lo ha honrado?”. El “miserable Giraud”, como sigue diciendo el Padre Querbes, era uno de sus coadjutores, juerguista desconsiderado, de quien tuvo que quejarse. ¿Se puede cambiar impunemente una disposición de un texto aprobado sin provocar malestar? “ ¿qué idea se formarían (los clérigos) de la estabilidad de nuestra Institución si, de repente, de un plumazo y sin dar ninguna explicación, hubiera que borrar uno de los artículos considerados esenciales en los reglamentos de una sociedad religiosa?.

Y acaba subrayando la cuestión y recordando una vez más su postura y la de la mayor parte de los Catequistas: “Finalmente, Señor Vicario general, si el Consejo de Monseñor no nos es favorable, cosa que deduzco claramente, en la medida que me proporciona el honor de recibir su carta,  mientras que el Sr. Cholleton, encargado de dirigirnos, no me ha dicho una palabra sobre su contenido, si no se nos quiere juzgar por nuestras obras, sino por algunos informes que nos sería fácil reducir a su propio valor rompiendo el silencio que voluntariamente nos hemos impuesto sobre ellos, si nuestro destino es sufrir unas medidas lamentables, yo le aseguro de antemano nuestra obediencia en nombre de la Sociedad(...) Puedo responder de la abnegación de un gran número de clérigos. Su Ilustrísima nos puede echar por tierra de un plumazo. Nos levantaremos con un saco al hombro y guiados por la Providencia iremos en busca de nuevas pruebas.

            Él protesta de su fidelidad, pero la disposición tomada por el Consejo le ha herido. Esta decisión hiere también a los Catequistas. A partir del 3 de diciembre, el sacerdote Carlos Faure escribe: “Usted ha recibido del arzobispado la decisión por la cual nuestros clérigos no podrán llevar en adelante el hábito eclesiástico. Cuando el Sr. Cholleton me lo dijo me sentí muy incómodo, sobre todo pensando en la pena que usted tendría. La decisión fue tomada en un momento en que el Sr. Cholleton se encontraba ausente del consejo; de lo contrario, habría protestado”. Pedro Liauthaud  es más categórico: “yo no sabía que el Sr. Cattet había llegado al punto de exigir la supresión la sotana a nuestra Sociedad. Jamás hubiera creído al Arzobispo de Lyón tan inconsecuente como se ha mostrado respecto a nosotros. Hoy aprueba y mañana desaprueba. ¿Cómo podemos fiarnos de la aprobación que ha hecho de nuestros estatutos? El día menos pensado el Señor Cattet va a pedir al Consejo episcopal la suspensión. ¡Pues estamos arreglados con este Monseñor! ¿No sabe que varios de nosotros ya hemos hecho votos perpetuos bajo el hábito eclesiástico y que suprimiendo este hábito se suprimen, en cierto modo, unos votos que, yo no lo dudo, han sido agradables a Dios?” (13 de abril de 1837).

            Unos meses más tarde, el Padre Querbes deshogaba su pena en una carta a Carlos Faure: “ Las contrariedades amargas suceden. No nos conceden un sacerdote abnegado. Sin embargo necesitamos uno. Me temo que, las ideas desfavorables que se han extendido sobre nuestra obra y sobre el que la dirige, no nos ayuden mucho. Monseñor decía en una reunión no hace mucho tiempo: “Los Hermanos del Sr. Querbes no son de fiar” Se le podría responder: “Los sacerdotes que su Excelencia me ha enviado lo son menos todavía” (16 de mayo de 1837).

            Monseñor de Pins habla de los “Hermanos del Señor Querbes”. Los Catequistas sobre los que se había reclamado ante el arzobispado no eran religiosos. Quizá radica aquí la ambigüedad “por ser la Sociedad de los Catequistas a la vez una asociación piadosa y una congregación religiosa”, como lo precisa el artículo 7 de los estatutos. ¿No consideraba el Consejo episcopal a los Catequistas, sobre todo, como religiosos? En cambio, para el Padre Querbes, ¿ no se habían quedado en los seglares que él había imaginado? Como el registro de entradas se comenzó o se volvió a escribir en 1837 y allí no constan los que habían abandonado la Sociedad hasta esta fecha; es difícil saber de una manera precisa, quién ha sido Catequista, la fecha de su entrada y su estatuto (si era religioso o seglar) en los primeros años de la Sociedad. Parece que en 1837 ya no había seglares en la Sociedad y que la Hermandad había dejado de existir de hecho.

            La reunión anual de 1837 permite la celebración del primer Consejo de la Sociedad (entonces se decía discretorio). Reunió alrededor del director, a los formadores (Faure y Mermet) y a los Catequistas, que con el título de “mayores” formaban parte del cuerpo dirigente (Favre, Liauthaud y Robin). El Consejo reclamó diversos puntos: los estudios, las condiciones de apertura de nuevos establecimientos. También precisó algunos detalles del hábito: los Catequistas comprometidos temporalmente llevarían la levita, los definitivamente comprometidos llevarían una sotana modificada, que permitía distinguirlos de los eclesiásticos. Tres días más tarde, los nuevos Catequistas admitidos en la Sociedad pronunciaron votos condicionales, sin que se sepa exactamente cuáles eran las condiciones. Este 21 de octubre de 1837, la Sociedad tenía ya 22 ó 23 miembros.

            Había surgido otra dificultad: los Catequistas emitían un voto o una promesa al “Sr. Arzobispo de Lyón” y dependían de él. Pero algunos, enviados a Coligny (diócesis de Belley), a Saint-Victor de Morestel (Grenoble) o a Saint-Sulpice (Nevers) dependía de otros Obispos. ¿No se corría el riesgo de que éstos quisieran también introducir en los estatutos condiciones y obligaciones propias de su diócesis? Se sabía que Monseñor Devie (de Belley) no quería una congregación que dependiera de otra autoridad que la suya. Esto era un freno para la expansión de la Sociedad y un riesgo para su unidad.

            Cuando en 1839 recuerda la historia reciente de la fundación, el Padre Querbes indica al hablar de la crisis de noviembre de 1836: “fue entonces cuando el Fundador de los Clérigos de San Viator tomó la decisión de pedir a la Santa Sede Apostólica la aprobación de los estatutos de la Sociedad para protegerlos de todo cambio”.


            2.3  PREGUNTAS PERSONALES

1. ¿ Participas en alguna comunidad cristiana? Escribe algunos objetivos de ella.

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2. ¿ Estás comprometido en tu comunidad en algún servicio social? ¿Cuál?

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3. ¿ Qué dificultades experimentas al compartir tu vida en comunidad?

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4. Escribe algunos desafíos que se te presentan para vivir en comunidad.

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5. ¿ En qué ves que has crecido junto a tu comunidad ?

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2.4  COMPLEMENTACIÓN  DOCTRINAL

            SAN VIATOR

            San Viator fue lector de la Iglesia de Lyon y discípulo y compañero del Obispo Justo. Vivió a finales del siglo IV y murió hacia el año 390. Es imposible establecer la fecha de su nacimiento.

            Lo poco que se conoce de la vida de San Viator está íntimamente ligado a la vida de su obispo, quien nació en Vivarais y llegó a ser diácono de la Iglesia de Viena del Delfinado. Poco después del 343, Justo fue elegido para suceder al obispo Verissimus como obispo de Lyon. Un biógrafo contemporáneo nos lo presenta como un hombre apacible y bondadoso. Dos cartas dirigidas a él por San Ambrosio dejan entrever que era un hombre respetado por su ciencia. En 374 el Obispo Justo asistió al concilio de Aquilea, como uno de los dos representantes de los obispos de las Galias.

            Poco después de su regreso del concilio de Aquilea, el Obispo Justo confió a Viator su intención de abandonar la sede de Lyon con el fin de entregarse a la vida ascética en el desierto de Escete, en Egipto. Parece que esta decisión fue motivada por diversos factores: su carácter, ya que era un hombre bondadoso, estudioso y contemplativo; su edad, pues había sido obispo durante muchos años y según parece pasaba de los sesenta; y por un nefasto suceso que había ocurrido en Lyon poco tiempo antes.

            Un loco irrumpió en la plaza del mercado de la ciudad, blandiendo una espada e hiriendo y matando a varios ciudadanos. A continuación se refugió en la catedral y reclamó el derecho de asilo del santuario. Una muchedumbre alborotada se congregó en torno a la Iglesia, ubicada entonces en el actual emplazamiento de la Iglesia de san Nicecio. Intervino el Obispo Justo. Mantuvo a raya al populacho, pero al fin cediendo a la presión de su violencia, accedió a entregar al hombre en manos de los magistrados para que fuera sometido a juicio legal. Una vez hecho esto, el populacho lo arrebató de manos de los guardias y lo mató en el mismo sitio.

El obispo imaginó que no había tomado las medidas oportunas para proteger al asesino y, por tanto, se consideraba mancillado con la sangre del pobre hombre, e indigno de continuar al frente de la comunidad cristiana en la celebración de los misterios pascuales, y en consecuencia debía entregarse a la vida de penitencia por el resto de sus días.

            Según parece, antes de finalizar el año 381, el Obispo Justo salió secretamente de Lyon para Marsella, donde embarcaría para Alejandría, en Egipto. Viator, conocedor de sus intenciones, decidió seguir a su obispo y maestro. Se incorporó a su obispo en Marsella y juntos embarcaron para Egipto.

            Una vez en Egipto, pidieron el ingreso en la comunidad de monjes de Escete, a unos 60 u 80 Km. al sur de Alejandría, al otro lado de las montañas de Nitria, en el desierto libio. Por aquel tiempo, el superior o Abad de esta comunidad era San Macario de Egipto (o el Mayor +390), discípulo de unos de los fundadores del monaquismo en Egipto, san Antonio (+356). Macario tenía una gran reputación por su elevada santidad y austero ascetismo. La mayoría de los monjes vivían en celdas, unas excavadas en la tierra, otras construidas de piedras, fuera del alcance de la vista unas de otras. Se reunían solamente los sábados y domingos para la celebración litúrgica. Se sustentaban del trabajo de sus manos, conformándose con una comida escasa y pobre. El ayuno, la oración, el silencio y las vigilias nocturnas caracterizaban sus vidas.

            Parece que el Obispo Justo y su lector no revelaron su identidad a la comunidad a la que se incorporaron. Sin embargo, algunos años después de su llegada, un peregrino de Lyon los reconoció y los instó a regresar con él. Según parece, a su vuelta a  Lyon, el peregrino dio cuenta de ello a la Iglesia local, y a que poco tiempo después, un sacerdote de Lyon, Antíoco, que más tarde sería obispo de Lyon, fue enviado con el propósito de persuadir a los dos varones para que regresaran a su diócesis. Sus esfuerzos fracasaron.

            Según la tradición, el Obispo Justo falleció poco tiempo después de la visita de Antíoco, probablemente hacia el año 390, y san Viator murió al poco tiempo. La causa de estas muertes es desconocida. Quizá en el caso del obispo Justo, fue debido simplemente a su edad. La muerte de Viator sobrevino poco después. Tal vez no pudo resistir el dolor por la ausencia de su obispo amigo, los rigores de la vida del desierto, o pudo ser víctima de alguna de esas enfermedades, que periódicamente alcanzaban proporciones epidémicas en las comunidades monásticas. Una de estas epidemias acabó prácticamente con la comunidad monástica de Pacomio en 349 en la Tebaida.

            Tan pronto como llegó a Lyon la noticia de su muerte, se hicieron las diligencias oportunas para traer los cuerpos de los dos santos varones a Lyon. Entonces la vida monástica era venerada como una forma de martirio, y los restos mortales de los santos monjes fueron traídos a Lyon poco antes de terminar el siglo, probablemente en 399. Según una tradición bien fundada, los cuerpos de los santos llegaron a la ciudad el 4 de agosto, siendo colocados en la catedral, o quizá en la nueva iglesia de los Macabeos, fuera de los muros de la ciudad. El 2 de septiembre fueron trasladados solemnemente a la iglesia de los Macabeos, a cuyo título se añadió pronto el nombre de San Justo.


3.  TRABAJO GRUPAL

- Oración de comienzo.

-  Dinámica si procede

-  Puesta en común de las respuestas al trabajo personal y lo leído sobre la vida de  San Viator.

-  Oración final. (Dar gracias, pedir perdón, pedir ayuda.)



4.  EVALUACIÓN

1. Escribe algunos nombres de obras escritas por el P. Querbes.

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2. ¿ Que sacerdote le reemplazó en una oportunidad al P. Querbes y luego llegó a ser obispo?

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3.-¿ En qué consistió la crisis de 1836?

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4.- De la vida de san Viator describe algunas de sus cualidades

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CAMINANDO CON LUIS QUERBES 7


7

" ORGANIZAR LA SOCIEDAD DE LOS  CATEQUISTAS ".

1.  OBJETIVOS


            - Conocer los primeros Clérigos de San Viator.
            - Conocer los primeros benefactores de la Congregación.
            - Valorar las capacidades administrativas del P.Querbes.
            - Conocer los nombres y evolución de la Institución .
            - Valorar la importancia de la "Leyenda".

2.  TRABAJO PERSONAL

            2.1  ORACIÓN  :
           
Lee el siguiente texto:

" Los Clérigos de San Viator han de tener en cuenta las características siguientes, al escoger los compromisos apostólicos para cumplir su misión :

            a) preocupación por la educación cristiana;
            b) creación y cultivo de comunidades de fe;
            c) promoción de la calidad de la vida litúrgica;
            d) predilección por el mundo de los jóvenes;
            e) atención a los más desfavorecidos. "

                                                       Reglamentos Generales N° 8
            OREMOS :

            Oh, buen Jesús, que quisiste establecer tu reinado entre los hombres por medio de otros hombres, que has elegido a los Clérigos de San Viator para que la juventud, porción escogida de tu rebaño, te conozca y te ame, humildemente te suplicamos, por intercesión de la Santísima Virgen María, del bendito patriarca San José y de San Viator, concedas a nuestra Congregación muchos y santos religiosos:  santos en la vida, santos en el templo, santos en el apostolado. Llama, Señor, a los jóvenes a nuestras filas; mueve la voluntad de los padres para que no pongan impedimento a la vocación de sus hijos; toca el corazón de los cristianos para que ayuden a las vocaciones viatorianas.


            2.2  Lee atentamente el siguiente documento.  Subraya lo que más te llame la atención.

LA CUNA

            El 5 de diciembre de 1831, después de una misa de acción de gracias, el Padre Querbes firmaba sus promesas de “sacerdote catequista”. El 10 de noviembre recibía a los dos primeros catequistas Pedro Magaud y Pedro Liauthaud. El primero había estado a su lado durante toda la maduración del proyecto. El segundo, maestro y secretario del alcalde en Saint-Bonnet-de-Cray (Saona y Loira), se había enterado de la aprobación de la Sociedad de los Catequistas por la lectura del boletín Oficial del Estado. Inmediatamente había escrito a Vourles. Los caminos del Señor pasan también por la lectura del boletín oficial ¡Tenía 38 años y enseñaba desde hacía veinte! Más tarde será el brazo derecho del Padre Querbes.

            También se agregan Tomás Nogier, Jaime Damoisel. El mismo año de 1832, Pedro Liauthaud abandona Saint-de-Cry para abrir la escuela de Francheville, muy cerca de Lyon. En este momento componen la Sociedad naciente, además de su director, cuatro catequistas que dirigen cuatro escuelas: Vourles, Brignais, Panissieres y Francheville.

            Había que encontrar un local capaz de acoger a los aspirantes y de reunir a los miembros de la Asociación. La casa cural resulta pronto insuficiente. El Padre Querbes lo anota en el diario de asuntos interiores de la Sociedad. “Libres ya de obstáculos, ingresaron varias personas para formarse y se pensó en adquirir una casa que fuera la cuna y la casa principal de la Asociación. Un inmueble adosado a la iglesia parecía el más adecuado, pero pertenecía a varios propietarios y había que convencerles de que realizaran la venta en común. El párroco no lo dudó, pero, cuando llegó el momento de hacer la escritura y pagar al contado, resultó que no tenía un céntimo. Las Señoritas Comte y la Srta. Lamoureaux fueron en este trance los dignos instrumentos de la Providencia y gracias a un préstamo de 12.000 francos pudo efectuarse la compra definitiva”. Así se pudo adquirir el 30 de agosto de 1832 una casa grande de dos pisos con sus dependencias: un patio, una huerta y varias pequeñas construcciones. Se convirtió en la cuna (Berceau) de la Sociedad. Existe todavía y aún lleva este nombre. En adelante los problemas financieros complicarían su existencia.
  
EL DIRECTORIO DEL CATEQUISTA PARROQUIAL

            Como los Catequistas eran también maestros de pequeñas escuelas, pero no les sobraba formación, el Padre Querbes compuso para ellos el Directorio del Clérigo de San Viator, Catequista parroquial. Es a la vez un libro de reglas, un tratado de pedagogía y un manual de vida honesta.

            En agosto de 1833 la redacción estaba terminada. Los Catequistas y los postulantes copiaban la versión manuscrita con más o menos exactitud. Jaime Damoisiel se queja: “respecto a las prácticas del  Directorio  sería bueno que yo tuviese una copia exacta, la del Señor Bachoud (su adjunto) no es más que un conjunto de garabatos, además me parece que ha peridido  una parte” (17 de enro de 1833). En 1836 se imprimió el texto con el fin, se indica en el prefacio, de preservarlo de las falsas interpretaciones producidas por la infidelidad de las copias manuscritas, y en pequeño formato (10x6cm) para hacerlo más manejable que los cuadernos en los que habéis escrito hasta hoy.

            La obra comprende dos partes: los deberes personales del Catequista y sus funciones. La primera trata del reglamento, de los diversos ejercicios de piedad a los que el Catequista debe ser fiel, del comportamiento que debe tener con personas que le rodean, de los estudios que debe hacer para mantenerse en su empleo y, finalmente, de los cuidados personales. La segunda parte aborda sus funciones en la iglesia y en la escuela. Este último punto ocupa casi la mitad de la obra. El Directorio pretende ser práctico.

            El Padre Querbes indica que para componer esta obra se ha inspirado “en excelentes escritos. A menudo hemos adoptado el plan, las ideas e incluso las expresiones”. En algunos pasajes, efectivamente, ha tomado frases o expresiones de otros tratados anteriores. La noción de derechos de autor no existía entonces como hoy; incluso los sacerdotes tenían la costumbre de copiar los sermonarios, que por otra parte se habían escrito para eso.

            El Padre Querbes hizo mucho más que inspirarse en obras anteriores; compuso un libro sencillo, claro, lleno de sabiduría y bien adaptado a los Catequistas. Éstos encontraron en él observaciones de sentido común, que fueron a veces las únicas lecciones de pedagogía que tuvieron ocasión de leer. Los que las practicaban, los que vivían del espíritu que llenaba estas páginas, llegaban a ser buenos cristianos y buenos maestros. Muchos lo fueron.

LA LEYENDA, EL OFICIO DEL CATEQUISTA

            En la sección del Directorio, dedicado a la oración, el Padre Querbes escribe: “la lectura es el alimento del Espíritu. En la oración nosotros hablamos a Dios, en la lectura espiritual Dios nos habla y nos brinda las ideas para hablar con él. Sed fieles a la lectura señalada y no olvidéis tampoco las otras lecturas espirituales” (N° 34).

            Esta lectura obligatoria, esta Leyenda como se llamaba (del latín legenda, las cosas que deben leerse) es el oficio del Catequista, que éste debe rezar por la mañana y por la tarde, sea que viva solo o con otros Hermanos.

            No se trata de un oficio constituido por oraciones de devoción o la lectura de un aspecto determinado por la vida del Señor, de nuestra Señora o de los santos- lo cual hubiera sido muy del gusto de la época. Es mucho más: “la Palabra de Dios, explica el Padre Querbes, la doctrina cristiana propuesta por la autoridad del vicario de Jesucristo y el hermoso libro de la imitación, el más admirable que haya salido de la manos de los hombres, he aquí de qué está compuesta la Leyenda o la lectura a la que todo Catequista está obligado” (n° 35).

            Los tres textos leídos, con una oración introductoria, las respuestas breves y una oración final van al corazón de la vida del Catequista. Éste debe primeramente vivir la Palabra y la enseñanza de Cristo, escucharlas, meditarla para poder evangelizar. La Biblia se lee por entero: por la mañana el Salterio y el Nuevo Testamento y, por la tarde, en dos años, el Antiguo Testamento. Conviene subrayar esta decisión del Padre Querbes de que en el siglo XIX, los seglares lean la Biblia toda la Biblia, incluso algunas lecturas (los Números, las Crónicas) que debían ser especialmente áridas. El segundo texto estará sacado del Catecismo del Concilio de Trento. Este libro parecerá muy incompleto después del Vaticano II, pero era una exposición doctrinal sólida, muy superior a otros manuales o catecismos espirituales, a menudo marcados por el jansenismo o por el galicanismo. Respecto a la Imitación, el lugar central que ésta concede a Cristo, crea un clima espiritual que está a cien leguas de las devociones sentimentales.

            Aunque no todos los Catequistas habían recibido una formación que les permitiera sacar todo el provecho posible, la Leyenda les ayudaba a identificarse como tales, a ir a la fuente, la Palabra de Dios. Ha sido un Oficio especialmente adaptado a la misión y al espíritu de la Sociedad.

 1831-1833. MODIFICACIONES SUSTANCIALES

            Quedaba un punto importante que arreglar: la aprobación de los Estatutos. Los que habían sido aprobados en París eran válidos solamente desde el punto de vista civil. Correspondía al Arzobispo el sancionar la regla de una sociedad que pretendía estar al servicio de la catequesis y de la pastoral parroquial, como se diría hoy.

            El director de la Sociedad presentó un proyecto de estatutos de “la Asociación caritativa de los Catequistas parroquiales de San Viator”. El texto señala varios fines a los Catequistas: “su propia santificación, el apoyo mutuo que deben darse en sus necesidades temporales”, objetivos generales de toda asociación caritativa o hermandad piadosa. Son creados especialmente para “la educación de los niños y el servicio del santo altar en los rangos inferiores de la clericatura” (art.1°).

            El Catequista “debe recordar que no está llamado a formar pequeños sabios, sino procurar a los niños una primera educación sólida y cristiana” (art.5°). “Estará siempre dispuesto a secundar a su pastor, a servirle con celo en las santas ceremonias y en la administración de los sacramentos, a ornamentar los altares y a esmerarse en la enseñanza del canto gregoriano” (art.6°).

            El compromiso consistía en una promesa de obediencia al director de la Sociedad (art.8°). “Sin embargo, se precisaba, que algunos de los Hermanos quisieran hacer de los tres consejos evangélicos materia de votos simples y secretos, el confesor podrá recibir sus promesas, siempre con el permiso del director (art.9).

            La vida cotidiana era la de los buenos cristianos. “Su regla de vida diaria y ordinaria es la de los cristianos piadosos” (art.3°). Los Catequistas disponían libremente de sus bienes, tenían señales distintivas discretas como un anillo rosario y una pequeña cruz los que pertenecían al cuerpo dirigente. La forma de vestir, “la de los hombres de edad madura y clase media” (art.12)  .

            Algunas disposiciones reglamentaban la entrada y salida de la Sociedad, los estudios, las reuniones semanales y anuales, el mantenimiento de los establecimientos.

            Modificaciones sucesivas enriquecieron y precisaron el texto, pero sobre todo introdujeron en él nuevas disposiciones, que cambiaron sustancialmente la Sociedad.

         Durante el verano de 1833 se produjo el cambio decisivo. El consejo episcopal propuso a los Hermanos Maristas, fundados por Marcelino Champagnat, que no estaban reconocidos por la autoridad civil, que se unieran a los Catequistas de San Viator, ya que estaban reconocidos. Quizás en la proposición del Consejo había una segunda intención concerniente a los Catequistas, para obligarles a entrar en formas más clásicas.

      ¿Qué pensaba de todo esto el Padre Querbes? Unos años antes, cuando se le había propuesto secundar al Padre Coindre, había manifestado sus reticencias.  Daba la impresión de que deseaba “cambiar o modificar la finalidad de una parte de su institución, cosa que, como sabéis, importa tanto como Evangelio a un fundador bien penetrado del espíritu de su Instituto”. No podía por consiguiente estar muy entusiasmado ante la respuesta de un acercamiento o una fusión con los Hermanitos de María.

            La reunión de las dos sociedades no se realizó. Aunque el Consejo había creído beneficioso proponerla al Padre Champagnat obró bien al no ir a Vourles y así preservó el futuro de los Hermanitos de María y el de los Catequistas.

            En diciembre de 1833, el Consejo episcopal puso al Padre Querbes en la disyuntiva de continuar el régimen provisional en que se encontraba la Sociedad desde 1831, o de aceptar los estatutos modificados por el Consejo. Quedarse con la primera propuesta era correr el riesgo de que el Arzobispo jamás aprobara la regla, lo que hubiera sido anormal para una asociación destinada a los pastores de la diócesis y en primer lugar al superior de ellos. El Padre Querbes optó por la segunda solución.

            El texto aprobado el 11 de diciembre de 1833 vuelve a tomar las disposiciones introducidas durante el verano precedente. La Sociedad se describe como “una piadosa asociación y una congregación religiosa”. Los Hermanos emiten votos públicos y perpetuos. Los cofrades “una promesa o voto de simple devoción”.

            La introducción de los votos públicos marcaba una clara evolución de la Sociedad hacia el carácter de congregación religiosa. Para el Arzobispo, esto debía aparecer como una garantía indispensable. Para el Padre Querbes fue una ocasión más de aceptar una palabra que no le gustaba, pero que iba también mucho más allá de la intención de quien la había pronunciado.

            Durante estos dos años (noviembre 1831-1833) se elaboraron cinco versiones sucesivas de los estatutos. El texto se concretó desde el punto de vista jurídico y al mismo tiempo se enriqueció. En él se concretan los fines de la Sociedad en una fórmula definitiva “la enseñanza de la doctrina cristiana en público o en privado y el servicio del santo altar”. También otros artículos persistirán a través del tiempo, especialmente el artículo 4°, donde se precisa la misión del Catequista “sea cual fuere la vocación particular del Catequistas no olvidará jamás el honroso título que lleva. Si fuere sacerdote, nunca hablará a los fieles desde la cátedra sagrada, sino para exponer algo de la doctrina cristiana. Si se dedica a la enseñanza de las ciencias

o de sus elementos, modelará ante  todo los corazones de sus discípulos enseñándoles la fe católica. Si tuviera la dirección de un taller, se empeñará más en formar varones cristianos con más empeño que hábiles obreros. En una palabra, en cualquier situación en que se encuentre, nunca perderá ocasión de evangelizar a Jesucristo, sobre todo entre los pobres, y de disipar de todas partes los prejuicios de la ignorancia y de la irreligión”.


2.3  PREGUNTAS PERSONALES.

1.- ¿ Qué recuerdos tienes de tu catequesis de Primera Comunión?

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2.- ¿ Qué recuerdos tienes de tu catequesis de Confirmación ?

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3.- ¿ En qué te ha ayudado el haber participado en catequesis ?

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4.- ¿ Te sientes llamado a ser catequista? ¿ Qué te impide ?

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5.- ¿ Cuáles crees que son las cualidades que adornan un buen catequista ?

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2.4  COMPLEMENTACIÓN DOCTRINAL

            LA CATEQUESIS EN PUEBLA

            La catequesis, "que consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe"(Mensaje del Sínodo de Catequesis), debe ser acción prioritaria en América Latina, si queremos llegar a una renovación profunda de la vida cristiana y, por lo tanto, a una nueva civilización que sea participación y comunión de personas en la Iglesia y en la sociedad..(n.1522)

            La obra evangelizadora que se realiza en la catequesis exige la comunión de todos: pide ausencia de divisiones y que las personas se encuentren en una fe adulta y en un amor evangélico. Una de las metas de la catequesis es precisamente la construcción de la comunidad..( n.1537)

            Se exige la colaboración de todos los miembros de la comunidad eclesial, cada uno según su ministerio y carisma. Sin eludir responsabilidades apostólicas y misioneras para que en la catequesis la Iglesia edifique a la Iglesia (Cf. EN 13-14). La Iglesia es constantemente evangelizada y evangelizadora. (n. 1538)

            La fidelidad a Dios se expresa en la Catequesis como fidelidad a la Palabra dada en Jesucristo. El catequista no se predica a sí mismo sino a Jesucristo, siendo fiel a su palabra y a la integridad de su Mensaje. (n.1539)

            Todo el que catequiza sabe que la fidelidad a Jesucristo va unida indisolublemente a la fidelidad a la Iglesia; que con su labor edifica continuamente  la comunidad y transmite la imagen de la Iglesia; que debe hacerlo en unión con los Obispos y con la misión de ellos recibida. (n.1540)

            La fidelidad al hombre latinoamericano exige de la catequesis que penetre, asuma y purifique los valores de su cultura. Por lo tanto, que se empeñe en el uso y adaptación del lenguaje catequístico. (n. 1541)

            En consecuencia, la catequesis debe iluminar con la Palabra de Dios las situaciones humanas y los acontecimientos de la vida para hacer descubrir en ellos la presencia o la ausencia de Dios. (n..1542)

            La catequesis debe llevar a un proceso de conversión y crecimiento permanente y progresivo en la fe.. (n.1543)


            3.  TRABAJO GRUPAL

            1.- Compartir las impresiones, sentimientos, recuerdos que ha dejado la  catequesis sacramental.
           
            2.- Compartir las respuestas a las preguntas personales y lo entendido de la  parte doctrinal.

           3.- Oración final. ( Dar gracias, pedir perdón, pedir por el aumento de vocaciones viatorianas.)

  
4.  EVALUACIÓN

1.- Nombra los primeros viatores.

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2.- Nombra algunos elementos que contiene el Directorio del Catequista Parroquial del P. Querbes.

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3.-¿ Qué es la Leyenda ?

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4.- Señala algunos fines que aparecen en el texto del proyecto de Estatutos para los catequistas.

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5.- Expresa alguna idea importante de lo leído en la Complementación Doctrinal.

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CAMINANDO CON LUIS QUERBES 6


 "ASENTAR LOS FUNDAMENTOS DE LA SOCIEDAD"

 1. OBJETIVOS 

 - Conocer grandes líneas en que asentaban las bases los catequistas de San Viator.
 - Valorar la figura del Fundador como pastor de su obra.
 - Conocer inicios y dificultades de la obra del P. Querbes.
 - Valorar la obra viatoriana como obra de Dios.
 - Conocer algunos personajes que intervienen en la Fundación.

 2. TRABAJO PERSONAL 

 2.1 ORACIÓN 

 Después de un tiempo de preparación y de silencio lee el siguiente texto:

 " No es pequeño, en verdad, el gozo que hemos experimentado al saber por nuestro hermano Juan Pablo Gastón de Pins que una Congregación de Clérigos parroquiales o Catequistas de San Viator es de grande utilidad y ayuda para la Religión y el Estado, por cuanto se propone, ante todo, formar sólidamente en piedad y letras, desde muy temprano, a la juventud de la clase humilde, infundiéndole así principios de vida honrada".                                              
S.S. Gregorio XVI, Letras apostólicas. 31 de mayo de 1839)    

OREMOS: 

Te pedimos, Padre de bondad, que a ejemplo del P. Luis Querbes a quien tú has elegido, encontremos nuevos métodos, nuevas formas y nos entreguemos con nuevo ardor a tu santo servicio atendiendo especialmente a los pobres, a los niños y jóvenes . Y te pedimos también que envíes nuevos operarios que sigan los pasos de nuestro Fundador. 

 2.2  Lee el siguiente documento tomando en cuenta de manera especial los pasos y dificultades con que se encontró el P. Querbes y subraya lo que te llama la atención o escribe al margen tus impresiones. 

MONSEÑOR DE PINS Y SUS VICARIOS GENERALES 

 La cofradía de los Catequistas debía ser aprobada por el Consejo episcopal de Lyón para poder existir, pero como se trataba al mismo tiempo de una asociación de maestros de escuela, también necesitaba la autorización de los poderes públicos. 

 La diócesis de Lyón vivía, desde 1815, una situación especial. El Cardenal Fesh tuvo que abandonar Francia a la caída de Napoleón, pero no renunció a su cargo de Arzobispo. Los vicarios generales gobernaron la diócesis hasta 1823, dando finalmente cuenta de todo al Cardenal. En esta fecha y para hacer evolucionar la situación, la Santa Sede nombró a Monseñor de Pins administrador apostólico de la diócesis. Como no podía llevar el título que Fesh reservaba para sí, se le encontró el título de un arzobispado in partibus, Amasia en Asia Menor. Se llamó Obispo de Amasia. Sin duda él hubiera preferido llamarse Obispo de Lyón. 

 Fue el Señor Cattet, Vicario General, quien respondió al proyecto que el párroco de Vourles había presentado. En lugar de animarle a precisar más el bosquejo que había hecho, le propuso la dirección del seminario menor de San Jodard o ir a secundar al sacerdote Vicente Coindre, que se encontraba por casualidad al frente de los Hermanos del Sagrado Corazón tras la muerte del Fundador de esta congregación naciente. El Padre Querbes estudia estas proposiciones y madura su respuesta. Desea comprometerse en una tarea más intensa. Está dispuesto a desenraizarse: “sin embargo, Señor vicario general, no le diría todo si dejara de confesar que me cuesta mucho liberarme del bienestar en que me encuentro. Los feligreses me llenan de atenciones, pero su simpatía me resulta cada vez más gravosa, pues me doy cuenta de que mis cadenas se hacen más fuertes. Mis familiares íntimos (José y Juana se habían retirado a Vourles) muy edificantes, pero cuya cercanía temo me resulte un tanto desfavorable. Amigos y compañeros cuya amistad me hace feliz; pero el tiempo pasa: ya tengo 36 años y no he hecho casi nada. Haga lo que haga (aunque no lo quiera) las visitas previstas para media hora me ocupan fácilmente todo el día y qué difícil me resulta después someterme de nuevo a un régimen de vida uniforme e invariable”. 

 De paso hay que notar su pequeña impaciencia: tiene 36 años y no ha hecho casi nada. ¡En seis años ha publicado dos libros, ha participado en la construcción de la iglesia, ha abierto dos escuelas y ha predicado mucho!. ¿Puede hacer más?. Donnet, su amigo y más joven que él, es ya párroco de una gran parroquia, la de Villefranche. 

 Pero prevé inconvenientes en ir a ayudar a un superior más joven que él y a quien podría hacer sombra. Vuelve a la carga: “todo esto ¿no nos está alejando de la idea fundamental; formar una verdadera escuela normal para maestros parroquiales?” Y expone de nuevo las grandes líneas de su proyecto. Es una constante de su carácter no abandonar una idea hasta llevarla a cabo. No fue a San Jodard ni a ayudar al Padre Coindre. 

 8 DE AGOSTO DE 1829. LA AUTORIZACIÓN CIVIL 

 Luis Querbes debiera haber pedido primeramente la aprobación de la cofradía al Consejo episcopal, pero comenzó por la autorización civil. En efecto, la realización del proyecto, especialmente la creación de esta escuela normal, exigía fondos y para ello un reconocimiento legal. Luis Querbes quería que el Director tuviera la facultad de conceder las autorizaciones de enseñar e incluso pretendía que le fuera confiada la escuela normal de la Academia. En el contexto político y clerical de aquel tiempo, este último punto estaba lejos de ser una utopía: al final de la Restauración los marianistas del Padre Chaminade dirigían varias escuelas normales departamentales, incluso hubo un proyecto para confiarles la formación de los maestros en Francia. 

 El Padre Querbes redactó los “Estatutos principales de una asociación caritativa de buenos ejemplos y de apoyo mutuo entre maestros de escuela y clérigos parroquiales, llamada de los Catequistas de San Viator”. Siete artículos cortos fundamentan las bases de una asociación, cuyos miembros se comprometen “a lograr mejor la salvación, a proporcionar a los niños una primera educación sólida y cristiana, a ayudar, a veces, desde los grados inferiores de la clericatura, a los párrocos de los pueblos en el cuidado de las iglesias y en la celebración de las ceremonias sagradas.”( Art. 1). La asociación está gobernada “ bajo la autoridad del Señor Arzobispo de Lyón y bajo la protección de inspección del Señor Rector de la Academia de esta ciudad.”(Art.6). 

 En febrero de 1829, el Rector de la academia de Lyón transmitió la petición de reconocimiento legal al Ministerio de Instrucción pública y lo acompañó con una nota favorable al proyecto y a su iniciador. 

 Un mes más tarde, el Ministro responde secamente en cuatro puntos: para valorar el proyecto deben examinarse estatutos mas completos; la asociación debe permanecer dentro del ámbito de la enseñanza primaria (ni hablar de que sus miembros aprendan latín); no se le confiará la Escuela Normal de la Academia; la autorización depende únicamente del Ministerio de Instrucción Pública (también se había presentado una petición al Ministerio de Asuntos Eclesiásticos). 

 El Señor Querbes redactó rápidamente una serie de artículos explicativos. El 10 de mayo el ministro decide: “Del examen de estos estatutos se deduce que presentan dificultades para su adopción. Varias cláusulas indican que se trata de una congregación religiosa. Por consiguiente, sería una ley para autorizar esta fundación”. A la administración le gustan las cosas claras y verificadas y no es fácil hacerle comprender que, seglares que enseñan el catecismo y que tienen un lugar en el presbiterio, no sean Hermanos. 

 El Padre Querbes protesta: “solamente los votos constituyen una congregación religiosa y aquí nadie los tiene. Eclesiásticamente es una cofradía y legalmente una asociación caritativa. Nada más. Lejos de mí ser fundador de una orden”. Por otra parte, en el contexto político de la época, un proyecto de ley que autoriza una congregación religiosa no tenía ninguna posibilidad de ser reconocida. 

 A mediados de julio fue entregado un nuevo expediente. E Padre Querbes se había inspirado en los estatutos de los Hermanos de San José de la Somme, dejando aparte lo referente a los votos. Por tercera vez el rector transmitió el expediente con un nuevo parecer favorable: “He examinado este proyecto con atención. Me ha parecido que sería posible acceder a los deseos del Señor Querbes que, como tengo el honor de decirle, merece tanta confianza por su carácter como por sus dotes. 

 Para defender mejor el expediente y con la autorización de Monseñor de Pins, el Padre Querbes va a París (fin de julio o primera quincena de agosto). El Señor Cattet le ha recomendado mucho “desconfiar de la astucia y directrices de las personas con quienes tenga que tratar y tener cuidado con no permitir ninguna concesión”. Al darle la autorización de ir a París, ¿creía el Consejo episcopal en el éxito? Según el testimonio de alguien que podría estar bien informado, parece que no. “Mientras Luis Querbes estaba en París, uno de sus amigos escribía que en el arzobispado había oído que tenían al Señor Querbes por loco, que se le había permitido este viaje para acceder a su tozudez, pero que volvería sin conseguir nada”. 

 En París, la redacción de los estatutos fue muy sencilla: Siete artículos breves establecen una asociación caritativa de maestros de primaria para los departamentos de la Academia de Lyon: El Ain, el Loira y el Ródano. “Estará sometida a los reglamentos universitarios que rigen las asociaciones caritativas, destinadas a la instrucción pública de los niños del pueblo” (Art. 2). “Los miembros de la asociación y de los agregados (...). Los primeros son célibes y ni unos ni otros tienen votos”.

 En la sesión del 8 de agosto de 1829 el Consejo Real de Instrucción Pública recomendaba la autorización de la asociación. La orden real se firmará el 10 de enero siguiente. 

 “Esta aprobación por parte del gobierno ha sido siempre un secreto casi exclusivo del Padre Querbes”. Mucho más tarde escribirá Carlos Saulin: ¿Cómo un sencillo cura de pueblo, de una pequeña parroquia, puede conseguir, en menos de seis meses, la aprobación de los estatutos de una sociedad que no existe? Y esto en un tiempo mínimo y con un gobierno que tenía fama de ser poco favorable a las instituciones de la Iglesia. Sin duda Luis Querbes supo ser un buen abogado en una causa durante los dos encuentros que sostuvo con el ministro Señor Vatimesnil, un hombre honesto, a quien, por otra parte, reconocerá que le debía mucho. Pero la explicación se queda un poco corta. 

Varios altos funcionarios fueron buenos protectores para él: Ambrosio Randú y los curas de la Chapelle y Clausel de Coussergues. De la Chapelle, consejero de estado, comisario del rey para la presentación del presupuesto de cultos, estaba relacionado con el Señor Magneval, abogado, y de nuevo alcalde de Vourles. Había intervenido en tres ocasiones para obtener subvenciones de 2.500 francos para la iglesia de Vourles. El sacerdote Clausel de Coussergues, consejero de estado también, originario del Aveyron, era miembro del Consejo Real de la Instrucción Pública. Además fue él quien anunció al Padre Querbes el éxito de los trámites. 

 Por su parte Ambrosio Randú fue durante una treintena de años el especialista de enseñanza primaria. Por esta razón es considerado como uno de los padres de las dos leyes (1816-1833) que crearon este tipo de enseñanza en Francia en el siglo XIX. Sin embargo, en 1845 y en un contexto netamente menos clerical, escribirá dirigiéndose al ministro: “He hecho constantemente profesión en voz alta de creer que una sociedad que comprende las necesidades de la humanidad, debe felicitarse al ver que se forman en su seno asociaciones caritativas cuyo único objetivo y cuya única ambición es la de solucionar estas mismas necesidades. Las llamo asociaciones caritativas por dos razones: la primera, porque la denominación misma excluye toda idea de asociaciones políticas que podrían causar al gobierno algunas molestias o alguna sombra; la segunda, porque para remediar los males y aliviar las miserias del cuerpo social, yo no conozco nada más eficaz y seguro que el amor a los hombres, encendido en la llama del amor de Dios”. Mas tarde el Señor Querbes acudió a él en otras dos ocasiones, en 1831 y en 1844. El Señor de Verna, diputado del Ródano, también intervino ante el Señor de Vatimesnil. Era miembro de la Congregación, una sociedad secreta muy activa, una especie de Opus Dei de la época. La Congregación se interesó por la asociación de los Catequistas en 1834. ¿Se había interesado antes? No se sabe. Una petición de apoyo a la Congregación de París ante los centros de poder, quizá pudo ayudar. 

 En seis fecundos meses la asociación ha sido legalizada. Falta presentar la cofradía y esto depende ya del Arzobispo. 


3 DE NOVIEMBRE DE 1831. LA APROBACIÓN EPISCOPAL 

 De regreso a Lyon, el Padre Querbes no recibió una acogida triunfal en el arzobispado. Dice sencillamente: “Esta asociación desagradó al Señor Administrador y suspendió su aprobación”. El Padre Querbes responde a los reproches que le hacen. De hecho, no hay riesgo alguno en intentar un ensayo: “además, su Ilustrísima no pierda de vista que no se trata más que de un ensayo para el cual yo pido su bendición y que hecho bajo sus auspicios estará rodeado de las más prudentes precauciones. Si, a pesar de todo, la esperanza fuera vana, la Asociación podría ser fácilmente depurada por su autoridad, Monseñor, puesto que el jefe de derecho es, sin otra condición, uno de vuestros curas párrocos”. 

 Finalmente el Señor Querbes recuerda la urgencia de tomar cartas en el asunto y por qué había que empezar por la aprobación civil: “El género mismo de la institución exige publicidad, y desde luego, los aterradores progresos de las escuelas de enseñanza mutua, que habrían acabado por invadir todas las ciudades y todos los pueblos de la diócesis. Ahora bien, para llegar más rápidamente era necesario emplear la publicidad”. ¡Extraña expresión en 1829! 

 Pero Monseñor de Pins no prestó atención a este alegato y, pese a varias intervenciones hechas ante él, no modificó su rechazo. 

 La publicación de la orden del día el 10 de enero de 1830, estimuló al Padre Querbes y a sus amigos. El tiempo urge: es la época en que se vislumbra la creación de las escuelas normales en los departamentos. ¡Ah, si Vourles pudiera recibir la del Ródano y si el arzobispo consintiera finalmente en apoyar el proyecto!. Por fin llega de París la feliz nueva: el señor Clausel de Coussergues informa que Monseñor de Pins, entonces en la capital, “ha consentido, por fin, en no oponerse a la ejecución de esta orden del día”. Su excelencia ha dado su acuerdo, pero como anota el Señor Querbes “no quiere mezclarse en esto”. 

 Aprovechando el acuerdo concedido, redacta una circular destinada al clero de la diócesis para dar a conocer la Asociación, obtener la colaboración de los sacerdotes en el envío de jóvenes formandos y para conocer las necesidades de las escuelas parroquiales. ¡De nuevo la publicidad! Pero tiene mucho cuidado al indicar bajo qué autoridad está la Asociación: “Esta piadosa asociación reconoce como primer superior a Monseñor el Arzobispo de Lyon y se propone hacer de su principal establecimiento un semillero de clérigos seglares, destinados a secundar a los señores párrocos de los pueblos y también de la ciudad, en calidad de Catequistas, es decir, de maestros de las pequeñas escuelas y cantores sacristanes”. ¡Finalmente parece que los Catequistas de San Viator van a ver la luz del día! 

¡Pues no! La revolución de julio de 1830 derriba al Rey y la Restauración. Se instala la Monarquía de julio y con ella la burguesía liberal. La Iglesia, que apoyaba el régimen anterior, sufrió un contragolpe. En el relevo de los hombres de poder desaparecerían amigos y apoyos fieles del párroco de Vourles: el rector Magneval, de la Chapelle, Clausel de Coussergues... Por eso, cuando el 5 de febrero de 1831 el Padre Querbes toma de nuevo contacto con el ministerio para hacer aprobar su método de lectura y para pedir que la casa principal de la Sociedad se convierta en escuela normal del departamento, recibe un doble rechazo. 

 En marzo de 1831, el Consejo episcopal propuso al Padre Querbes para párroco de Bourg-Argental, una promoción normal y ventajosa, pero que suponía abandonar la Sociedad de los Catequistas. El gobierno no aceptó el cambio de un sacerdote políticamente demasiado monárquico, para su gusto. La noticia de este rechazo llegó al conocimiento del párroco de Vourles el 21 de Octubre de 1831. Y éste no era un día cualquiera para el Padre Querbes. 

 Después de haber trabajado cuidadosamente varios borradores, no tardó en escribir a Monseñor de Pins: “sometido a la voluntad divina, que estaba bastante clara en la decisión de Su Excelencia sobre mi desplazamiento, yo había aceptado con resignación las consecuencias inevitables. La esperanza del establecimiento de una sociedad de Catequistas se alejaba cada vez más; pero un incidente, aparentemente banal, viene a despertarlo. Hoy mismo, día de San Viator, 21 de octubre, me ha llegado la noticia del rechazo por consiguiente, Monseñor, perdone que, animado por esta circunstancia, me ponga a los pies de Su Excelencia...” Y sigue abogando por la aprobación de la sociedad. 

 El nuevo alegato vuelve a recoger los puntos expuestos dos años antes tras la tempestad. Pero el tono es diferente: se ha realizado una madurez espiritual. “En la sombra y en el silencio es donde esta obra de celo debe ser propuesta actualmente”. La publicidad ya no está a la orden del día. El párroco de Vourles se ha desprendido de su proyecto y cree ver un signo en el acontecimiento imprevisto. Pero él se remite a su Obispo. 

 El 3 de noviembre de 1831, Monseñor de Pins autorizaba la Sociedad. “En el consejo de este día, escribía el Señor Barou, vicario general, Monseñor ha aceptado y aprobado en lo que concierne su institución de Clérigos de San Viator. Desea su éxito y no duda en ello, puesto que el primer pastor le da su bendición”. El título está desgraciadamente recortado, pero la sociedad existe. 


 2.3 PREGUNTAS PERSONALES 

1. ¿ Qué misión o tarea apostólica estás realizando? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 

 2. ¿ Tienes planes a futuro? ¿ Cuáles ? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 

 3. ¿ Qué metas has logrado últimamente? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 

 4. Ante las dificultades y fracasos, ¿ qué actitudes sueles tener ? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 

 5. ¿ Cuál es el fundamento que orienta el servicio de la Comunidad Viatoriana? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 


 2.4 COMPLEMENTACIÓN DOCTRINAL 


 JUAN PABLO II SE DIRIGE A LOS CLÉRIGOS DE SAN VIATOR. 
 (Vaticano, 11 de julio 1988)

 "...Vuestra vocación específica, serenamente meditada y puesta al día durante este capítulo, es completamente actual. ¿ Qué hay más urgente que ofrecer a los jóvenes, a sus familias, a los adultos de las parroquias que regentáis, una enseñanza doctrinal sólida, completa, exigente, y presentada verdaderamente como la "Buena Nueva" capaz de iluminar la vida del hombre? Sí, ¡ Sed catequistas ardientes, competentes y fieles! Ya lo sabéis, lamentarse de los cambios de nuestro tiempo, no es solución. Hay que actuar con fe, audacia y perseverancia: ¡Cuántos jóvenes, adultos y ancianos no saben nada, o bien poco de Jesucristo! muchos se contentan con el alimento terrenal, presentado masivamente por los medios de comunicación, cuyo contenido es a menudo poco significativo, cuando no nefasto. 

 Aprecio y animo vuestros esfuerzos incesantes para convocar el mundo de los jóvenes, gracias a los colegios que tenéis y a las parroquias que muchos obispos os han confiado. Admiro igualmente vuestra pastoral parroquial: a través de todos esos jóvenes que reunís para la enseñanza doctrinal, intentáis con éxito una aproximación a los padres, contentos también ellos de rehacer un camino de formación o de profundización religiosa que nunca pudieron hacer. Animo igualmente vuestras preocupaciones crecientes hacia los niños menos favorecidos. ¡Ay!, son tantos en el tercer mundo y aún en Europa. Sabéis acogerlos en vuestros colegios, en vuestros centros de cogida, en vuestras parroquias.

 En fin, vuestro Fundador transmitió a sus hijos su carisma pastoral y su amor de la fe, celebrada con la máxima dignidad y fervor. Cumplís así con una obra de Iglesia cuya importancia e influencia no hace falta demostrar. Leed y meditad gustosamente y hacer gustar a muchos la constitución Sacrosanctum Concilium. Vuestra manera de celebrar puede y debe ser una excelente catequesis, a condición de armonizar bien el respeto de los ritos, la dignidad de los comportamientos, la participación bien preparada del pueblo de bautizados. Animo vuestro celo en instruir a los jóvenes sobre el valor irremplazable del culto divino, sobre sus riquezas, su hermosura; vuestro celo en hacerles cooperar también, a su medida, en el desarrollo de la celebración de los misterios de la Salvación. La formación y la evolución de comunidades de fe, perfectamente instruidas y unánimemente celebrantes, es un testimonio insustituible. Los cristianos abandonan las parroquias letárgicas, y llenan aquellas otras cuyo culto es de gran calidad y dignidad. 

 Hay un punto en vuestras reflexiones capitulares que quiero subrayar más. Ya vuestro Fundador había tenido el proyecto de asociar seglares a vuestra misión catequética y litúrgica. En aquella época, esto no pudo ser. La Congregación para los Religiosos e Institutos seculares aprobó esta orientación en vuestros estatutos de 1978. Dentro de la claridad y la prudencia que han de presidir la expansión de este proyecto, deseo que surjan muchos seglares cristianos, impregnados del espíritu de la familia de los Clérigos de San Viator, para cooperar en vuestra vida apostólica..." 


 3. TRABAJO GRUPAL 

 - Oración de comienzo
 - Dinámica si procede. 
 - Puesta en común del trabajo personal y del escrito de Juan Pablo II 
 - Oración final. (Dar gracias, pedir perdón, ayuda... )


 4. EVALUACIÓN 

1. ¿ Cual es la situación social de Lyon en 1815 ? ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... 

2. Anota la fecha de aprobación civil y diocesana de la Sociedad. ...................................................................................................................................... 

3. ¿ Qué obispo aprobó la Congregación como institución diocesana? ...................................................................................................................................... 

4. Algunas dificultades del Padre Luis Querbes fueron : ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ...................................................................................................................................... ......................................................................................................................................